Vámonos por las ramas

Vámonos por las ramas

¿Y por qué no? Puede hasta ser divertido y podríamos aprender. Entonces, ¿de qué se trata cuando dicen “no se vayan por las ramas”? Obviamente no alude a una costumbre simiesca. Se trata de permanecer enfocados en el tema central de una cuestión o problema y de no perder el punto, no desviarse o “divertirse”.

Viene al caso la doble acepción que puede tener el término “divertirse”. Por un lado, puede significar “distraerse” en el sentido de alejarse del punto. Por otro lado, puede significar “entretenerse”.

En el primer caso, se debe buscar antes que nada definir bien el propósito de plantear la cuestión, sea informar, ilustrar o diagnosticar un problema. Entonces, ¿nunca debemos irnos por las ramas? Sería caer en la monotonía o la aridez. Con frecuencia conviene ampliar el tema, sea para dar un ejemplo, graficar el tema o mostrar las ramificaciones del problema para comprenderlo mejor.

Sin embargo hay que tener cuidado con divagar y perderse en la frondosidad de las ramas. Para evitarlo, hay que mantener el hilo de la disertación y poder regresar de manera fluida al “tronco”.

En el segundo caso, puede resultar agradable y entretenido desviarnos un momento del problema, airear la mente y romper paradigmas, fomentando una “lluvia de ideas” que podría perfectamente hacer prolífico el asunto y abrirnos nuevos horizontes.

Otros dicen “no te vayas por la tangente”, lo cual tiene sentido si hablamos de mantener un orden en la exposición. Sin embargo, este exceso de formalidad puede ser inconveniente si cerramos ventanas que pueden permitirnos descubrir caminos alternativos que no se nos hubiesen ocurrido si no nos salimos de vez en cuando del esquema pre establecido.

Vivimos en una realidad donde continuamente se mueven los parámetros. La ciencia y las letras no son compartimientos estanco y no representan per se la sabiduría, sino que necesitan identificarse los vínculos, pues las ramas del conocimiento se encuentran interconectadas. Por eso, al irnos por las ramas sacudimos nuestra curiosidad y agitamos la imaginación; descubrimos nuevas conexiones y nos ponemos felices, despertando el proceso creativo y generando un círculo virtuoso que podría ser enriquecedor.


Escrito por: Joaquín Schwalb Helguero
COMPARTIR     Twittear Compartir

Joaquín Schwalb Helguero

Joaquín Schwalb Helguero

Colaborador de El Tiempo.