Sobrevivir en Piura, el drama diario de los venezolanos

Sobrevivir en Piura, el drama diario de los venezolanos

«Duermen donde les caiga la noche: en parques o a puertas de las iglesias o donde puedan», comentó Alí Crespo, un venezolano de 30 años, refiriéndose a los inmigrantes que, con sus escasas pertenencias y con sus hijos en brazos, prácticamente se han convertido en parte del paisaje del centro de la ciudad.

Para todos ellos, el día a día es un constante desafío, no solo porque empezar de cero siempre es difícil, sino porque la xenofobia también es una realidad.

“En mis horas de trabajo -soy fiscalizador del Secom- trato de no hablar porque, cuando escuchan mi acento, las personas se encolerizan. Esta semana casi me golpean solo por ser venezolano”, contó Alí.

Para su esposa, Antoanella Torrellas (36), estos días tampoco están siendo fáciles: acaba de perder una oportunidad de trabajo a causa de su nacionalidad.

“Hoy (ayer) fui a una entrevista de trabajo en un centro de salud y la chica que me entrevistó me dijo que necesitaban a alguien con mucha urgencia. No revisó mi currículo, pero sí me preguntó de dónde soy. Le dije que de Venezuela, pero que llevo dos años en Perú, que tengo documentos y un hijo que es piurano. Me respondió que ellos no querían a ningún venezolano”, relató Antoanella, quien es enfermera, radióloga y asistente de laboratorio.

Pero estas situaciones desalentadoras no solo las viven los adultos. Esta pareja explicó que sus hijas, Sinahí (6) e Isnel (13), deben hacerle frente al bullying debido a su procedencia; más aún, tuvieron dificultades para poder acceder a la escuela.

“Todas las escuelas nos decían que no hay cupos porque, es lógico, los piuranos tienen preferencia. Pero una vecina me ayudó: ella fue a la escuela con mi hija y pidió que la inscribieran. He recibido muchísima ayuda de mis vecinos desde que llegué y les estoy muy agradecido”, dijo Alí.

Más injusticias

Si ya para los piuranos hacer una denuncia se convierte en una odisea, la historia se complica cuando se es extranjero.

“Las venezolanas también son violadas, pero cuando quieren denunciar, les dicen: ‘No, eso no va a proceder porque eres venezolana y aquí no hay ninguna ley’. ¿Quién habla de las injusticias que se cometen contra nosotros?”, lamentó Antoanella.

Los abusos se extienden al ámbito laboral: Indra Guerrero, quien ya vive en Piura desde hace más de 3 años, ha preferido dedicarse a vender artículos de manera independiente, tras tener diversos percances trabajando para terceros.

“Una de mis experiencias fue haber trabajado 5 meses sin que me pagaran. Hice la denuncia, pero desestimaron mi caso. Otros trabajan más de 14 horas por bajos salarios… Al menos el Ministerio de Trabajo sí trata de brindarnos apoyo y agilizan los trámites para cuando, por ejemplo, somos despedidos arbitrariamente”, señaló.

 

¿Y las autoridades?

Para el padre Miguel Medina, administrador de la Arquidiócesis de Piura, no es del todo factible que las autoridades puedan brindar apoyo a los inmigrantes.

“Las autoridades tienen muchos problemas de casa como para poder ayudar a los venezolanos. Otro tema es la malversación de fondos. El municipio no puede destinar para los venezolanos un dinero que es para las cosas locales. Poner dinero en los extranjeros y la basura está acumulada por allí. La gente no estaría de acuerdo”, opinó Medina.

Sin embargo, recordó que el Arzobispado sí invierte esfuerzos para refugiar temporalmente a los recién llegados: “Tenemos un albergue en la López Albujar. Entran unas 30 personas, a quienes recibimos con ciertas condiciones. Por ejemplo, les ofrecemos solo desayuno y algo para cenar, y está prohibido que pasen la mañana en el albergue -salvo enfermedad-, pues deben buscar trabajo”.

Asimismo, agregó que en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe se está implementando un pequeño consultorio para brindar atención médica a los niños venezolanos.

Por su parte, la titular de la Dirección de Trabajo, Ana Galván, comentó que unos 160 venezolanos estarían trabajando de manera formal, pues muchos de ellos llegan a Piura indocumentados, además tienen dificultades para homologar sus títulos profesionales.

“Los empresarios tienen temor de contratar venezolanos porque muchos de estos no tienen documentos, no se les puede filtrar para saber sus antecedentes penales. Temen que les roben”, agregó.

 

Datos:

  • Alí y Antoanella sueñan con crear la primera asociación formal de venezolanos en Piura para ayudar a los recién llegados. Por el momento funcionan informalmente, pues no disponen del dinero para estar en regla.

 

Por Andrea Flores Khalil

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