Editorial: Descarada destitución del jefe de la Policía

Editorial: Descarada destitución del jefe de la Policía

Deja justificada suspicacia que el presidente Pedro Castillo destituya al comandante general de la Policía Nacional un día después de la juramentación del nuevo ministro del Interior. Cuando lo que más se necesita para lograr eficacia en la lucha contra la inseguridad es continuidad en las estrategias, el Gobierno prefiere descabezar a la Policía. Es el tercer cambio de ministro en cuatro meses.

El teniente general Vicente Tiburcio, quien acaba de ser enviado al retiro, hasta el momento sin motivo, integró el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) que permitió la captura del cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso.

El Gobierno intenta justificarse diciendo que el cambio era para mejorar la seguridad ciudadana, pero en la gestión de Tiburcio fueron capturados algunos integrantes de Los Dinámicos del Centro que se encontraban prófugos, líderes del partido gobernante Perú Libre. Lo que la Policía necesita con urgencia son patrulleros, logística y más agentes, pero eso poco parece importarle a Castillo.

El apresurado golpe a la Policía confirma lo que el pasado 6 de mayo advirtió un grupo de oficiales retirados de la PNP, a través de una denuncia interpuesta ante la Fiscalía de la Nación. Allí advertían del riesgo de pase al retiro del comandante general y personal encargado de investigaciones por graves delitos contra la administración pública, favorecimiento al terrorismo, tráfico ilícito de drogas, etc., que están “poniendo en riesgo la existencia del Estado Constitucional de Derecho”.

La polémica medida confirma que al presidente lo único que le importa es tomar el control total de la Policía para blindarse. El golpe a la PNP llega días después que Tiburcio respaldara al jefe de la Dircote, Óscar Arriola, tras ser atacado por Vladimir Cerrón luego de que el oficial revelara que su unidad pidió la detención del sentenciado exgobernador de la región Junín.

Pero la detonante para sacarlo fue su insistencia en ordenar la captura internacional del sobrino mayor de Pedro Castillo, Fray Vásquez Castillo. Mientras tanto las instituciones y “líderes” que deberían defender al Perú solo miran y callan.

 


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