No es un castigo… sino un honor

No es un castigo…  sino un honor

Por estos días de alboroto electoral una de las quejas reiterativas de los jóvenes electores es su rechazo a ser miembros de una mesa de sufragio.

“Prefiero pagar la multa”, dicen algunos. “No voy a perder todo el día y levantarme temprano por 120 soles”, dicen otros. “Mejor llego tarde, así escogen a otros”…

Son diversas las justificaciones de quienes fueron seleccionados para integrar una mesa de sufragio y todos tienen un factor en común: su fastidio a ser parte de una elección. Se resisten con terquedad a ser parte de la fiesta democrática porque quizás no terminan de entender lo que una democracia significa para un país y el privilegio que tienen hoy de ser parte de la elección de quienes administrarán nuestros recursos.

No acaban de entender que los miembros de mesa son pieza clave de nuestra democracia, sin ellos no se puede instalar una mesa y que otros ciudadanos cumplan con su deber de elegir; sin ellos no se podría tener el control de la votación; y sobre ellos es que la nación –que la conformamos todos-, deposita su confianza. Ser invitado a tener esa responsabilidad en cualquier país es un honor, más no un castigo.

 


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Escrito por: José Neyra Moncada
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José Neyra Moncada

José Neyra Moncada

Director de El Tiempo.