Nadine de “i a i”

Nadine de “i a i”

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Luis García Barreto
Colaborador

Llegamos a 28 de julio con un Congreso desprestigiado, donde más del 87 % de la población desaprueba su gestión, la cual está plagada de escándalos, incapacidad, falta de transparencia y la posibilidad de poner en cámaras  y primeras planas a congresistas que nunca las habrían tenido si no es por presidir comisiones investigadoras que involucran a personajes importantes o mediáticos de la escena nacional.

El Congreso por definición es un lugar de encuentro y representación de la comunidad política de la sociedad para ejercer, dentro de determinados límites, el ejercicio de la soberanía popular, de la cual se nutre su composición, teniendo como atribuciones la función legislativa y la fiscalización al ejecutivo.  Pero nuestra realidad parlamentaria es todo lo contrario. Y no nos hagamos los sorprendidos y criticones porque si bien  muchos no votaron por  esos congresistas como tampoco votaron por Humala nos encontramos dentro del colectivo que los eligió, de modo que todos resultamos responsables de los gobernantes que tenemos. El electorado es poco memorioso y se deja seducir fácilmente por frases como “minería no, agro sí”. No terminan de ser elegidos, cambian el discurso, y los siguen apoyando. No hay consistencia sino volatilidad o vocación suicida.

Dentro de esta lógica la facultad fiscalizadora del Congreso se ha convertido en tierra de nadie y todos los congresistas están ávidos de chapar una comisión que los vuelva mediáticos con fines ulteriores de reelección. Con esa ambición poco o nada les importa violar cuanto derecho tengan los investigados, al tiempo de no resultar, por la inmunidad, responsables por los daños que generan a las personas, sus familias y la sociedad en su conjunto.

Lejos, muy lejos, estoy política e ideológicamente del nacionalismo, situación que no me impide analizar los atropellos cometidos contra Nadine. Obvio que debe responder por todas la triquiñuelas en el uso de sus recursos y acreditar de dónde provienen, pero de allí a que tengan que denigrarla deslizando preguntas rastreras que afectan su intimidad y dignidad personales, la distancia es larga. Llegó a la comisión Belaunde Lossio como invitada y terminó, sin argumento válido, como Investigada. Como sombrero de mago.

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