La vida como derecho y como deber

La vida como derecho y como deber

Hace poco, una profesional psicóloga ha solicitado se le permita morir con dignidad, ante el irreversible cuadro médico que padece desde hace años; su enfermedad degenerativa, la imposibilidad de poder atender su propia subsistencia y el conocimiento que no hay cura, le hecho pensar en que merece darle un final decoroso a su existencia para evitarse un mayor sufrimiento.

Los que elegimos como profesión el derecho, explicamos siempre que la vida es un derecho natural, intransferible, inalienable, personalísimo y aun siendo todo ello, nadie y tampoco nosotros tenemos derecho de acabar con ella.

Y cuando la enfocamos como deber, usualmente señalamos que todos tenemos la obligación de respetar la vida propia así como las demás, por tanto la vida se convierte también en un deber, y que debe ser respetada como derecho constitucional y como derecho fundamental o humano. Pero cuando se presentan situaciones como la que aquí comentamos, nos obliga a cuestionar que tan correcto o incorrecto es querer terminar con nuestra propia existencia de manera asistida, como un acto de liberación y de rebeldía ante el sufrimiento, aunque esa rebeldía nos lleve a terminar con todo ese dolor a través de la muerte.

Hay quienes consideran que recurrir a la eutanasia es un acto de cobardía, otros la califican como un verdadero acto de valentía, lo que sí tenemos claro es que tomar una decisión como ésta debe ser muy difícil, pero intentamos entender que aquellos que toman la decisión de autorizarlo, deben haberlo pensado mucho, y el sufrimiento debe ser también muy duro.

En el Perú no está regulada el derecho a la muerte digna, y sinceramente tampoco creemos que se regule, no obstante a ello, creemos que la naturaleza humana merece el más grande de los respetos, y la naturaleza humana se basa en el concepto de dignidad, por lo que aquel que considera que por un tema complejo e irreversible de salud no puede vivir con dignidad, debería tener el derecho de tomar sus propias decisiones, aunque para la familia sea una situación sumamente dolorosa. Finalmente, hay ocasiones, en las que el más grande acto de amor, es el de soltar y dejar ir aunque el dolor sea muy grande.


Escrito por: Marco Antonio Rodríguez Vega
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Marco Antonio Rodríguez Vega

Marco Antonio Rodríguez Vega

Docente UCV Piura