La formalización en Sechura debe continuar

Las continuas intervenciones en la bahía de Sechura han permitido descubrir que el ordenamiento no solo enfrenta la resistencia de asociaciones de maricultores cuya importancia se sustenta en su tolerancia y promoción de la informalidad. Además, ha puesto en evidencia a grupos armados que delinquen como resultado de años de inoperancia legal.

En ese sentido, es preciso saludar la labor de la Dirección Regional de Producción (Direpro) y de la Capitanía del Puerto de Paita, que justamente realizan continuas labores de control para erradicar las malas prácticas que no solo ponen en riesgo el ingreso de las conchas de abanico al mercado europeo, sino también la maricultura misma y hasta la vida de quienes la practican. ¿Qué mafias se camuflan a la sombra de las asociaciones constituidas, qué significan esas armas incautadas? ¿Quién sostiene a estos pistoleros y ladrones? Porque se ha descubierto hasta el delito del hurto en las zonas de amortiguamiento.

Es necesario intensificar las labores de control y limpiar la bahía de malos elementos, a fin de garantizar que la actividad extractiva genere prosperidad verdadera, honesta, confiable.

Supongamos que la tentativa de restaurar el orden en Sechura fracase: ¿qué podría hacer la provincia con esa riqueza ingente, salvo destinarla a los pequeños y desarticulados mercados locales? Ello representaría un auténtico retroceso econónimo y social en la provincia y perderíamos la oportunidad de construir la prosperidad de tanta gente buena que a diario trabaja hasta el cansancio, rasguñando apenas su ideal de felicidad. Sería un crimen desistir en la lucha contra el verdadero enemigo de Sechura, de la región y del país: la informalidad.

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