La felicidad y los estados de ánimo

La felicidad y los estados de ánimo

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Josefina Quiroga de Ramos
Colaboradora

AA menudo hemos oído decir que la felicidad es un estado de ánimo, una satisfacción, un deseo concedido o un capricho del alma.

Muchas  personas piensan que serían felices si tuvieran dinero, salud, pareja, hijos, comida, amigos, trabajo, ropa, etc. Otras buscan su felicidad corriendo tras innumerables personas del sexo opuesto, dedicándose a la juerga o a jugarse el dinero que con “el sudor de su frente” ganaron.

Es muy común sentirse feliz cuando se tiene poder, fama y una presencia aceptada en las altas esferas sociales. También existe una felicidad confundida por la belleza personal o por una inteligencia privilegiada que muchas veces obnubila el cerebro humano.

Pero, ¿qué pasa cuando no llegan a tiempo estos deseos? Viene frustración,  envidia,  rencor,  codicia y el sentirse inferior y amargado.

Sin embargo, no nos damos cuenta que hemos sido creados por un ser superior que tiene un propósito con cada uno de nosotros, y es por eso que desde el comienzo de la vida nos dio reglas para ser felices, reglas que continuamente despreciamos y no entendemos, reglas  para que todo  nos salga bien.

La felicidad no es lo que uno quiere, ni siquiera lo que uno puede hacer. La felicidad es aceptar   lo que  debemos  hacer.

Revestidos de esperanza recibimos un año más, deseando que sea mejor que el que se fue. En esta fecha casi todos los seres humanos nos hacemos promesas como si fuéramos políticos en campaña. ¿Pero, las llegamos a cumplir? No…

Hoy el mundo está extraviado, concentrado en la tecnología y el conocimiento, en lo vano y lo superfluo.

Casi no podemos hablar con un niño, porque está “feliz y hechizado” con su celular o con su tablet.  En la mayoría de nuestros hogares, cada personaje solo piensa en lo suyo y cada vez menos en el bienestar familiar, salvo las excepciones que hacen la regla.

Casi siempre malgastamos nuestro tiempo, encaprichándonos en un deseo que no nos conviene y que creemos nos hará felices. Por eso deseo de todo corazón que este año 2017 traiga reflexión, que demos importancia al verdadero propósito de nuestras vidas, para alegrar el corazón de Dios con nuestro buen proceder.

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