Estándares: cuándo sí, cuándo no

Estándares: cuándo sí, cuándo no

En el mundo de la educación, se asume como sentido común que tienen que haber estándares, por ejemplo, en los diseños curriculares internacionales, en los desempeños de los alumnos en los colegios (que en Perú se pretenden medir con las ECE y en Estados Unidos con los Standard Tests en casi todos los grados y áreas, Achievement Tests, Advanced Placement exams, SAT) o inclusive en exámenes internacionales (como los Llece-Unesco.timss o PISA-OECD).
Nada de eso garantiza que todo alumno que viva la experiencia escolar y egrese del colegio haya “logrado los desempeños satisfactorios” y mucho menos que tenga éxito en la vida post escolar, como quiera que cada uno lo defina, porque también en eso se han forzado los estándares.

Por ejemplo, se suele medir la tasa de ingreso a las universidades, cuando hay decenas de otros indicadores que calzan mejor con la definición de éxito de las personas. Por ejemplo su resiliencia y estabilidad emocional, autonomía y libertad para pensar de modo original y creativo, perseverancia para lograr metas, liderazgo inspirador y colaborativo, cultivo de su talento particular, capacidad de argumentar y sostener posturas minoritarias, estabilidad en su vida familiar, etc.

Por estas razones es que me parece importante tomar nota del carácter arbitrario y relativo de esos estándares en dos sentidos: uno, que una vez establecidos, son difíciles de cambiar aunque haya evidencias de que no son tan eficaces o relevantes; y dos, siempre implican un denominador común de bajo nivel, ya que todos los interesados quieren “jalar agua para su molino” y los consensos que se logran para fijarlos, al igual que ocurre con cualquier promedio, dejan fuera las particularidades de los participantes, especialmente los que se salen de ese promedio (que no son pocos y muchas veces precisamente por no ser similares al promedio son los más prometedores). De allí que antes de usarlos como referentes curriculares o para evaluaciones locales o internacionales, hay que saber qué se gana y qué se pierde con ellos.

Podemos encontrar casos sobre desarrollos tecnológicos que se benefician con la estandarización. Eso ocurre por ejemplo con el teclado Qwerty o con el sentido de las manecillas del reloj para dar la hora.
Sin embargo, el proceso de ponerse acuerdo es muy lento y burocrático, y no siempre permite llegar a acuerdos plenos. En el Reino Unido existe la dificultad de aceptar el sistema métrico decimal francés, por lo que el mundo se ha estandarizado con el sistema métrico decimal en peso, distancia, volumen, temperatura en centígrados, pero conviviendo con el antiguo sistema inglés de libras, pies y grados Fahrenheit.


Escrito por: León Trahtemberg
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León Trahtemberg

León Trahtemberg

Educador y columnista de diversos medios de comunicación. Es miembro del Consejo Nacional de Educación desde el año 2002. Ha publicado 16 libros sobre Educación Peruana. Recibió las Palmas Magisteriales en grado de Amauta, máxima condecoración otorgada por el Ministerio de Educación del Perú (2001).