¿Estamos listos para una nueva elección?

¿Estamos listos para una nueva elección?

Luego de agitarse el enjambre político con la iniciativa del Ejecutivo de adelantar las elecciones generales, esta semana se atizó más el fuego con la presentación del cronograma tentativo de la reforma constitucional, el cual debe ser debatido –quiérase o no-, por el Congreso en la presente legislatura.

Vamos a suponer que bajo la presión y el juego político se aprueba la iniciativa constitucional y el cronograma propuesto por el gobierno de Martín Vizcarra y, por tanto, los peruanos debemos ir referéndum en el mes de noviembre y, posteriormente, al elegir nuevo presidente y Congreso en abril del 2020; la pregunta obligada sería: ¿Están los partidos políticos preparados para participar en una elección tan trascendental para el país? Y lo más importante: ¿Tenemos los peruanos el tiempo suficiente, la capacidad y madurez política para saber elegir y no volver a equivocarnos esta vez?

Por ahora, la propuesta de elecciones adelantadas abrió un encarnizado frente de batalla política en el país que obligó a la oposición a reuniones de emergencia, a debates y exigencias legales en un intento por evitar recortar el periodo de gobierno; sin embargo, el problema de fondo no solo es la efervescencia política del momento o la economía que se resiente y agita, sino en medir también cuál será el efecto que esta decisión presidencial tendrá para el país en los próximos seis años.

Si se aprueba el cronograma, según el titular de la ONPE, se deberá correr en preparar todo un proceso eleccionario, con el riesgo de que una elección de tanta importancia, se torne en una informal consulta popular. Los partidos políticos, igualmente, están con la guardia baja, desacreditados ante la opinión pública, mientras que la población del interior del país, al margen del rechazo y rencor que puedan tener contra el actual Congreso, podría ser fácilmente manipulado por corrientes populistas extremistas como aquella que lidera Antauro Humala.

Parte de la respuesta la podemos encontrar en el análisis del historiador griego Polibio, quien hace más de dos mil años acuñó la palabra Oclocracia, un término casi proscripto en el vocabulario de los políticos, en el cual hace mención a un sistema político que no es otra cosa que la degradación del poder y al cual cae fácilmente el pueblo en circunstancias como las que hoy vive el Perú: la confusión política. Y es que la Oclocracia es la decisión que puede tomar un pueblo a la hora de elegir una fórmula de gobierno, cuando se nutre del rencor contra sus políticos o de la ignorancia o indiferencia por preocuparse y saber a quién elegir.

Polibio patentó la teoría de que la monarquía muta en tiranía; la tiranía en aristocracia; la aristocracia en oligarquía; y la oligarquía en democracia, y esta última deviene en Oclocracia. El pensador social Jean -Jacques Rousseau al referirse a la Oclocracia decía que esta degeneración de la democracia era debido a una desnaturalización de la voluntad popular. “La autoridad de un populacho corrompido y tumultuoso”.

En Piura ha ocurrido algo similar en la última elección. Una pueblo resentido con sus políticos y con sus autoridades desprestigiadas, apostaron por la improvisación y la oclocracia disfrazada de populismo y de falsos líderes. El problema es que esta improvisación pasa factura al desarrollo y progreso de una región y de un país. Ojalá en estas elecciones que se avecinan, no se repita esta historia, pues el resentimiento hacia los políticos se respira en todos los ambientes, y eso es peligroso.

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