Editorial: No hemos aprendido nada

Editorial: No hemos aprendido nada

Muchos empresarios y ciudadanos se han pronunciado con preocupación acerca de lo que le espera al país con las nuevas restricciones por la tercera ola.

Muchos ven en las recientes normas un retroceso que daña inevitablemente la economía, y razón no les falta: volver al control estricto de los aforos, a nuevas normas de conducta para la contención de los contagios y otros, golpean directamente a los comercios y al turismo, dos sectores especialmente sensibles en Piura.

Pero no podemos únicamente condenar las disposiciones gubernamentales, como si estas se trataran de un capricho o una irracionalidad destructiva, sin hacer un verdadero examen de conciencia y reconocer que hemos fallado en nuestra responsabilidad de mantener la disciplina necesaria para impedir un repunte en las tasas de contagios.

En las calles de nuestra región es común ver el espectáculo de personas que desfilan sin mascarilla o que desafían al coronavirus creando peligrosas aglomeraciones. Ni qué decir de las fiestas: es un hecho para las autoridades sanitarias -quienes tienen la última palabra en este asunto- que los últimos contagios se produjeron en las celebraciones playeras. Colán, de manera específica, ha sido el foco de transmisión de la COVID-19 a pesar de que se advirtió por todos los canales posibles que la prudencia era vital. ¿Nos disgustan las restricciones? ¿Qué dirán al respecto aquellos irresponsables empresarios que organizaron conciertos y fiestas a la orilla del mar?

Debemos reconocer que no hemos cumplido con nuestra parte del trato. Si queremos más libertades y voltear la página del encierro y las restricciones para pasar a una “nueva normalidad”, debemos ser responsables. De nada sirve querer algo si no estamos dispuestos a hacer el mínimo esfuerzo o sacrificio para alcanzarlo.

Por si fuera poco, en la región se ha formado una peligrosa cofradía de “terraplanistas sanitarios”, insensatos antivacunas que tiran a la basura milenios de avance científico para enarbolar la andrajosa bandera del oscurantismo disimulado con verborrea pseudolibertaria. Los que antes destruían sus riñones bebiendo lejía rebajada y luego pasaron por la “medicina natural”, ahora hacen apología de la pasividad ante la pandemia. Si esto no les suena criminal…

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