Democracia incompleta

Democracia  incompleta

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Carlos Ginocchio Celi
Colaborador

En un diario que no es “El Tiempo” se critica a un regidor piurano, incluyendo su hoja de vida, soslayando su calidad de emprendedor, y junto a ella, la opinión de una académica universitaria, manifestando que los regidores deberían tener profesión, lo cual contradice la real democracia. Incluso, la mayoría de los grandes latrocinios han sido cometidos, precisamente, por profesionales, y muchos de ellos con numerosos títulos académicos.

La democracia se fundamenta en la libre elección, pero trasciende el acto electoral. Esa es la problemática que atraviesa nuestro país, y muchas regiones: tras las elecciones, los elegidos pierden representatividad al descuidar el contacto con sus comunidades, y culminan sus períodos con ínfimos  porcentajes de aprobación.

La democracia requiere, más que la exigencia de una carrera a los candidatos, el conocimiento de su trayectoria, limpia y correcta, y elementos inherentes, como son la institucionalidad de los partidos políticos y los movimientos, muchos de los cuales se forman solo para las urnas. También, elecciones internas y cuadros con programas que permitan a la sociedad elegir aquellos que consideren responden a sus intereses, antes que otorgar el voto por la popularidad del aspirante. El voto preferencial atenta contra ello. Otro factor es la representatividad, de forma que cada elector tenga claro quién lo representa. La renovación del Congreso por tercios, la fusión de las regiones para una mayor eficiencia, la transparencia en los recursos de los partidos políticos, son importantes, como el debate público sobre los principales problemas, en los medios, instituciones gremiales y educativas, el cual brilla por su ausencia, en especial en Piura, circunscribiéndose a las redes sociales.

Steve Jobs se inscribió en el Colegio Reed y a los seis meses desistió, Bill Gates dejó Harvard a los dos años, Michael Dell era vendedor de PC’s buscando obtener fondos para estudiar medicina, y prefirió crear su empresa, Charles Chaplin nunca estudió actuación, ni Benito Juárez o Nelson Mandela, ciencias políticas. La profesión contribuye a una buena gestión, pero su carencia puede ser reemplazada por un buen plan, honestidad, sentido común, visión de futuro, conocimiento de la realidad, y buenos asesores. Estos, en cambio, son irreemplazables. La democracia trasciende la Universidad.

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