Cambio de enfoque. Felices los cuatro

Cambio de enfoque. Felices los cuatro

El reguetón es un género musical derivado del reggae jamaiquino influido por el hip hop. De un tiempo a esta parte los jóvenes lo bailan y cantan como algo muy divertido sin reparar en que subliminalmente se va colando algo más… el aceptar la idea de romper tabúes y liberarse. Y es que, claro, como estamos en la modernidad, es cool ser open minded.

El reguetón, cuya coreografía incita a los tocamientos sexuales, es -dicen- una velada protesta contra el orden actual. Asume que el mundo anda mal y que hay que rebelarse y gozar la vida, probar cosas nuevas, experimentar el placer en sus formas más osadas. En resumen, es una descarada invitación a no pensar mucho y dejarse llevar por los sentidos.

“Vamo a ser feliz, vamo a ser feliz. Felices los cuatro”. ¿Es difícil dejarse llevar? ¿Demanda mucho esfuerzo? Obviamente no, es muy fácil, solo hay que relajarse y dejar esos absurdos y anticuados códigos morales. “Anímate, evoluciona, vive la modernidad”. ¡Todos lo hacen!

Argumentos como éstos y otros golpean continuamente en radio y televisión a niños y jóvenes tratando de convencerlos a alterar sus códigos morales y sus patrones de conducta diciéndoles: siéntanse libres y poderosos y no se preocupen, ni siquiera van a tener cargo de conciencia.

Hay en Estados Unidos lugares donde es común el intercambio de parejas. Es el movimiento swinger, negocio que se vuelve un modo de vida. Felices los cuatro.

“La vida es corta, hay que gozarla”. Pero ¿qué hay detrás de esta propuesta? Evidentemente una falta de visión de futuro y un desencanto con lo que el mundo puede ofrecer. Al no haber ilusión por el mañana se justifica la cultura del materialismo y del consumismo, del “vive ahora”. Infelices los cuatro.


Escrito por: Joaquín Schwalb Helguero
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Joaquín Schwalb Helguero

Joaquín Schwalb Helguero

Colaborador de El Tiempo.