Beato Oscar Romero, constructor de la paz

Beato Oscar Romero, constructor de la paz

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Francisco Bobadilla
Rodríguez

La figura del ahora beato Oscar Romero (1917-1980), puesto como ejemplo de los mejores hijos de la Iglesia, es una manifestación palpable de que la Providencia no deja de estar presente en la historia de los pueblos.

Pasó en El Salvador y, también, entre nosotros, durante el terrorismo de Sendero Luminoso. Los años setenta de Latinoamérica estuvieron surcados por la convulsión social e ideológica, en donde las opciones políticas se polarizaron grandemente.

El discurso racional y la acción medida, típicas de la política griega, cedieron lugar al fuego cruzado de fusiles, cuyo saldo fue la muerte de miles de personas tanto en El Salvador como en el Perú.

Este ambiente de tensión social fue el que vivió Mons. Romero, especialmente, en los tres últimos años de su vida, justo desde el momento en que es nombrado arzobispo de San Salvador.

Difícil, todo difícil, porque ¿cómo se puede ser santo en medio de las desigualdades sociales, la cerrazón del gobierno para encontrar soluciones a los problemas y la furia de la guerrilla alentada por la ideología marxista? ¿Cómo ser padre de todos los salvadoreños, de derechas, de izquierdas; de arriba  y de abajo? ¿Cómo tener un corazón a la medida del de Cristo para que alcancen todos allí?

La respuesta pastoral de Mons. Romero fue el diálogo y por ese caminó intentó construir la paz. Esfuerzo loable, pero que para muchos resultaba insuficiente e inútil. Así se lo hizo notar un periodista quien, además, consideraba que esa actitud tenía mucho de utopía. La respuesta de Mons. Romero fue rápida y certera. Contestó, “claro que es una utopía y creo en ella o ¿usted piensa que si no fuera así, yo iría  enfundado en esta sotana?”. Respuesta humana y sobrenatural a la vez, de labios de quien fue un leal hijo de la Iglesia.

El Cardenal Angelo Amato, durante su homilía en la Misa de beatificación, señaló que el nuevo beato “ha sido la luz del mundo y la sal de la tierra.

Sus perseguidores han desaparecido y han sido olvidados, pero Romero continúa iluminando a los pobres y marginados de la tierra” y lo es porque se ha convertido en un salvadoreño universal.

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