Pbro. Miguel Medina Pacherre, sacerdote
León XIV nos ofrece su primera encíclica, “Magnifica Humanitas” en la que, frente a los desafíos de la Inteligencia Artificial, nos pide salvaguardar la dignidad humana, el desarrollo y la defensa de la persona; seguir siendo humanos en la era de los algoritmos, no dejar que la IA socave la dignidad humana; la aberración más estúpida del hombre es hacerse esclavo de las obras de sus propias manos; sin Dios, no hay hombre.
El año 1975, la Dra. Marina Masi, profesora en la UDEP, suspendió el examen de un compañero por estar usando una calculadora, y claro, no era justo pues no todos teníamos el aparatito aquel, asimetría tecnológica y económica lo llama hoy el Papa; más humano y formativo, es razonar antes que buscar a los problemas, soluciones rápidas y fáciles,
Las máquinas van reemplazando a los hombres; en este contexto, recordé con tremendo dolor una escena de “The big bang theory” cuando “Leonard”, físico teórico, contaba que ante su orfandad afectiva tuvo que construir una “máquina de abrazos”; la deshumanización, el gran mal de este mundo, y hay una película, “Mi mejor amigo es un animal”.
Las máquinas no hablan, no hacen huelga, no necesitan beneficios laborales, no se accidentan, y los costos sociales y laborales de la empresa se reducen exponencialmente; la robotización muestra ese rostro despiadado de la dictadura de la tecnocracia, crecen el desempleo y la pobreza con el consiguiente enriquecimiento insultante de los “dueños de los factores de producción”, así empezó la locura de la lucha de clases para adueñarse de los factores de producción.
Agradecemos los aportes de la tecnología en las comunicaciones, la medicina, agricultura, transporte, en la educación y otros beneficios; no obstante, allí vino la trampa, la exclusión tecnológica; las máquinas traen una continua deshumanización, la intrusión de la tecnología al servicio de la inmoralidad y muerte, en contra de la vida y en favor de la locura de la guerra.
Y lo peor, la Inteligencia Artificial reemplaza a la inteligencia natural, anula la investigación y el discernimiento; la mano poderosa de la economía siempre está detrás digitando el mundo y determinando qué sí y qué no, privándonos de toda ética y convirtiéndonos en simples tuercas o piezas de la gran maquinaria fría e insensible de lo virtual que es un monstruo desalmado e invasivo, el criterio moral lo pone la tecnología y la nueva palabra de dios: “lo dice la Inteligencia Artificial”.











