Elvira Castro de Quiroz

mayo 21, 2026
Autor: SEO El Tiempo

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Sigifredo Burneo Sánchez, vicepresidente Académico UNF


En uno de sus libros, Luis Alberto Sánchez propone una bella imagen de conciliación histórica y cultural: dice que hay que imaginar dos cumbres, de cada una de las cuales nace un río que baja impetuoso por sus laderas hasta llegar a un valle donde, paulatinamente, el ímpetu de la caída atenúa la velocidad y la fuerza y ambos ríos se mezclan en una sola nueva vertiente de aguas ya inseparables, que continúa su camino con renovado y pacífico esplendor debido al doble caudal adquirido.

Se refiere a la fusión de nuestra cultura indígena y a la cultura hispánica que, lamentablemente, no aconteció de manera civilizada sino mediante violentos actos de humillación, despojos y muerte.

Sin embargo, con el paso de la historia, se puede especular que la identidad piurana reconoce ambas vertientes originarias.

Es preciso, entonces, como dice Verlaine, observar el resultado del cruce histórico “con la calma de los dioses”, para intentar una caracterización completa de nuestra identidad regional.

En el ámbito de la literatura, son varios los nombres que podrían citarse, como muy buenos ejemplos del producto étnico y cultural, pero, quizá el nombre recurrente e indiscutible sea el de Elvira Castro de Quiroz.

De ella conocemos su poesía folclórica, que es un rescate de nuestra habla popular campesina y ahora nos entrega un libro titulado “Ave al fin poesía”, donde propone versos más ligados con la vertiente hispánica; pero obviamente, sin renunciar al patrimonio cultural terrígena; convirtiéndose en un inigualable modelo del sentido histórico de la identidad piurana.

En este libro, publicado por Alberto Benavides Ganoza, bajo el sello de Biblioteca Abraham Valdelomar y contando con la minuciosa selección de Leonidas Cevallos, se presentan 27 poemas de diversa variedad temática, pero todos relacionados por lo que puede denominarse una perspectiva filosófica.

Un primer texto que podemos comentar es el titulado “Podría repetir una y mil veces”, en el que la autora se precipita con resolución en la especulación filosófica al plantear “la dicha / está escondida / jugando para siempre / con la nada”.

La dicha es un concepto abstracto, del que podemos dar fe por sentimientos ocasionales y efímeros, y la nada es el absoluto negativo, también perteneciente, por lo tanto, al universo de la metafísica creada por el espíritu humano (que también es otra abstracción).

Se trata de un poema de versos breves en el que, sin perder su ritmo personal, la inteligencia disfruta tratando de entender la existencia. Otro ejemplo es un poema sin título, de cuatro versos, que dice: “Mi reloj de latidos / acelera / su pisada fugaz / en las arenas”; en el cual puede apreciarse con mayor nitidez la búsqueda de entendimiento filosófico con la trama verbal literaria.

La expresión: “Mi reloj de latidos” constituye un logro perifrástico muy apreciable para designar a la edad. Comparar al instrumento mecánico con el corazón humano, porque ambos producen palpitaciones vitales es un hallazgo feliz desde el punto de vista estético y, a la vez, al comparar la pisada fugaz sobre las arenas lábiles, hace una alusión memorable al tránsito breve de nuestra vida sobre la tierra.

En los versos finales del último poema puede leerse “Llevo a cuestas tu nombre / y me parece / la valija mayor de mis poemas / en un viaje de nunca /dulcemente”; donde el uso adrede del anacoluto nos sumerge en la profundidad existencial siempre intuida. Es un libro para leer y comentar, que no se puede dejar de leer.

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