Los efectos de Camisea

Los efectos  de Camisea

La historia se repite: el presidente Castillo -como otros expresidentes peruanos en el siglo XX- sincera su opinión de que el gas de Camisea debe ser nacionalizado -o estatizado, según otros, la distancia verbal es mínima- y, como respuesta, los inversionistas se alteran y el dólar empieza a subir de nuevo.


Hay una manera de ver el panorama: el presidente Castillo, lejos de haber comprendido que con las finanzas no se juega, insiste en agitar las aguas y generar pánico entre quienes, con su dinero, generan empleo pues el Estado, esa entidad que el presidente quiere convertir en un agente activo de la economía, ha fracasado en su intento de satisfacer las más elementales necesidades ciudadanas y las tareas que se ha autoimpuesto a pesar de las décadas de evidencia de que el intervencionismo solo conduce al atraso, a las colas, al hambre, al caos. Como la ideología pesa más que la razón en la forma de ver las cosas del Ejecutivo, se producen anuncios que echan por tierra la débil calma obtenida hace solo una semana. Debemos volver a la vía del mercado, le guste a Castillo o no.

Para otros, la relación es inequívoca: ante la posibilidad de un cambio mínimo en las relaciones entre el Estado y la economía, el “mercado” -los capitalistas, la gran empresa, los banqueros, etc.- responde desestabilizando el equilibrio socioeconómico difícilmente logrado, como si cualquier intento de modificar la estructura productiva del país fuera un desafío o una declaración de guerra a los intereses de una minoría beneficiaria del status quo económico. Algunos ciudadanos perciben el alza del dólar y los anuncios de retiros de capitales del país como una estrategia para desinflar cualquier reforma, aún si esta es, probablemente, un acto reivindicativo necesario para el progreso nacional.
¿Cuál será la visión que terminará imponiéndose en la agenda del Ejecutivo? Es probable que el Congreso rechace cualquier posibilidad de estatización o nacionalización del gas de Camisea, lo que podría resolver momentáneamente el problema en favor de la situación presente y en contra de cualquier cambio o aventura social. Sin embargo, el Ejecutivo podría abrir canales para llevar adelante su intento, lo cual podría costarle credibilidad de cara a la votación de la confianza a favor del gabinete Vásquez. Será cuestión de cálculo.

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