La semana pasada estuvo marcada por una agenda macroeconómica clave en Estados Unidos, en un contexto donde el conflicto en Medio Oriente continúa sin resolución.
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La Reserva Federal mantuvo su tasa en el rango de 3,50%–3,75%, en línea con lo esperado, aunque el tono del comité fue más restrictivo ante la persistencia del shock energético. En paralelo, el PIB preliminar del primer trimestre se ubicó por debajo de las expectativas y el PCE subyacente confirmó que la inflación de base no cede.
“El mercado interpretó el mensaje de la Fed como una señal clara de que las tasas se mantendrán elevadas por más tiempo, especialmente en un contexto donde el petróleo ha vuelto a superar los USD 100 por barril”, explicó Rodrigo Lama, Chief Business Officer (CBO) de Global66.
En ese escenario, el crudo West Texas Intermediate volvió a niveles altos, reforzando las presiones inflacionarias y condicionando el posicionamiento del mercado.
Pese a este entorno, el dólar mostró una leve depreciación, con el índice DXY cerrando cerca de los 98 puntos, reflejando presiones estructurales a la baja. En paralelo, el oro y el cobre retrocedieron, mientras el índice de volatilidad se mantuvo por debajo de los 20 puntos, en un contexto de reposicionamiento defensivo más que de pánico en los mercados.
“En el corto plazo, el dólar podría mantener un soporte táctico por el entorno de tasas altas y el conflicto energético, aunque la presión bajista estructural sigue vigente”, añadió Lama.
En ese sentido, indicó que la atención del mercado estará centrada esta semana en los datos laborales de Estados Unidos —incluyendo nóminas, desempleo e ingresos—, que serán determinantes para las expectativas de tasas y la dirección de los activos globales.











