Hace pocas semanas, el primer ministro Ernesto Álvarez se mostraba dubitativo y marcaba distancia. El 19 de enero, tras difundirse imágenes del presidente José Jerí ingresando encapuchado a encuentros reservados, Álvarez afirmó que no comprometería su trayectoria si se comprobaban delitos del mandatario. No obstante, este 14 de febrero descartó cualquier posibilidad de dejar el cargo.
El jefe del gabinete ahora describe a Jerí como un “político nato” y restó importancia a las pesquisas fiscales por sus presuntos vínculos con el empresario chino Zhihua Yang, además de desestimar versiones de un quiebre entre ambos. “Por ahora, lo que predomina es la especulación y la mala intención”, sostuvo.
Respaldo total
La crisis del Ejecutivo, conocida como ‘Chifagate’, colocó a Álvarez en una posición incómoda luego de revelarse que Jerí sostuvo reuniones fuera de agenda en locales clausurados. En enero, el premier había advertido que “si hay delitos, alguien con trayectoria no puede permanecer”.
Hoy, sin retractarse de esa idea, subrayó su cercanía con el mandatario. “Hablamos a diario y evaluamos juntos las prioridades inmediatas”, señaló, negando tensiones con Palacio. Incluso expresó confianza en el futuro político de Jerí y consideró que el país necesita con urgencia una clase dirigente profesional.
Para Álvarez, la continuidad del presidente interino resulta clave para evitar un escenario de inestabilidad a pocos meses de las Elecciones Generales 2026 en Perú.
Mirada en Washington
En el plano internacional, el premier destacó lo que considera un fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos. Resaltó la próxima visita del secretario de Estado Marco Rubio como muestra de interés de la administración estadounidense.
También valoró el nombramiento de Bernie Navarro como nuevo embajador en Lima, subrayando su cercanía con la realidad nacional por sus lazos familiares con el país.
El costo de evitar la quiebra de la petrolera estatal
Por último, Álvarez abordó la situación de Petroperú. Tras un reciente decreto de urgencia, reiteró que la reestructuración no implica privatización. Según explicó, el objetivo es frenar la inyección de recursos a una empresa sin perspectivas de recuperación y dejar finanzas públicas más ordenadas para el próximo gobierno.







