El Senamhi advirtió temperaturas de hasta 37°C en Piura durante febrero, una situación agravada por la precariedad de las viviendas.
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Según el INEI, el 77% de hogares en el norte cuenta con techos de calamina o fibra de cemento, materiales que retienen el calor, elevan la temperatura interior y exponen a miles de familias a riesgos sanitarios y económicos.
Además, el estrés térmico persiste incluso durante la noche, ya que las olas de calor nocturnas impiden la recuperación del organismo.
Además, el impacto resulta aún más severo en el sector agrícola, principal motor de la región. En Piura, alrededor de 280 mil agricultores afrontan jornadas extenuantes.






