Los constantes apagones, el cierre temporal de hoteles y la cancelación de vuelos por falta de combustible están provocando una salida progresiva de turistas de Cuba, lo que agrava aún más la profunda crisis económica que atraviesa la isla.
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Diversos gobiernos han recomendado evitar viajes al país caribeño después de que Estados Unidos reforzara el embargo vigente desde hace décadas, dificultando la llegada de suministros esenciales como el petróleo.
“Solo conseguí un taxi”, relató el turista francés Frédéric Monnet, quien decidió interrumpir su visita a un valle del occidente cubano para regresar a La Habana ante el temor de quedarse sin transporte.
La falta de crudo ha generado prolongados cortes eléctricos, extensas filas en estaciones de servicio y la suspensión de rutas aéreas. Según un documento interno del Ministerio de Turismo citado por AFP, alrededor de 30 hoteles y complejos turísticos permanecen cerrados de manera temporal debido a la baja ocupación y al racionamiento de combustible.
Desde enero, buques de guerra estadounidenses han bloqueado la llegada de petróleo venezolano a puertos cubanos, mientras Washington ha advertido a otros países exportadores sobre posibles sanciones si continúan suministrando combustible a la isla.
Algunas aerolíneas de Canadá y Rusia están operando vuelos sin pasajeros hacia Cuba para evacuar viajeros que podrían quedar varados, mientras otras realizan escalas adicionales para repostar combustible antes de regresar.
El estadounidense Liam Burnell explicó que contactó a su aerolínea ante el temor de no poder salir del país, ya que el aeropuerto habría advertido sobre la escasez de combustible para los aviones.
La disminución del turismo supone un golpe especialmente duro para el gobierno cubano. Este sector representa tradicionalmente la segunda fuente de divisas del país, solo superada por los ingresos generados por los profesionales enviados al extranjero, y resulta clave para financiar importaciones de alimentos, energía y otros bienes esenciales.
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Unas 300.000 personas dependen directamente de esta actividad. En las calles de La Habana, autobuses turísticos circulan casi vacíos y los tradicionales autos clásicos de los años 50 apenas encuentran pasajeros. “La situación es crítica”, afirmó Juan Arteaga, conductor de uno de estos vehículos, quien explicó que muchos propietarios guardan el poco combustible que les queda.
Cuba, con 9,6 millones de habitantes, arrastra dificultades económicas desde la instauración del embargo estadounidense en 1962, agravadas en los últimos años por la escasez de alimentos y medicinas.
Recientemente, dos barcos de la Armada de México arribaron a la isla con más de 800 toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo alimentos y productos de higiene, según la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana.
El músico Víctor Estévez advirtió que el impacto sobre el turismo podría tener consecuencias severas para la población: “Ha sido el sustento de muchos cubanos; si se debilita, enfrentaremos serios problemas”.
Tras el duro golpe de la pandemia de COVID-19, que redujo en un 70 % los ingresos del sector entre 2019 y 2025, expertos como José Luis Perelló anticipan ahora la posibilidad de “un año desastroso” para la industria turística cubana.







