Violencia, humillación y candidatos

Las lecciones por el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer son muchas. En Piura, por ejemplo, las cifras expuestas durante la jornada nos pintan de cuerpo entero como una sociedad en la que aún nos falta trabajar mucho por la igualdad, pero mucho más por el respeto.

Las 2.400 denunciantes de casos de agresión física revelan que aún persisten esas conductas premodernas, como son el machismo y la creencia en que los problemas de la vida, incluidos los maritales, pueden solucionarse a gritos, golpes y hasta violaciones. Es curioso y paradójico que las tasas de crecimiento y los volúmenes de aporte económico de la región a la riqueza del país no tengan correlato en el progreso de las costumbres. Por supuesto, en medio de este panorama general encontramos personas y familias que han hecho de la horizontalidad de género un emblema; sin embargo, en nuestra época ello no puede seguir siendo una feliz excepción, sino que debería ser una norma de urbanidad dominante.

Pero muchos podrían preguntarse: ¿por qué predicamos esta forma de vivir en pareja -o con hermanas, madres e hijas- y de concebir al género opuesto si varios de nuestros candidatos presidenciales llevan la carga del presunto o comprobado maltrato verbal, físico, además de otras formas de humillación? ¿Puntapiés y escupitajos? ¿Exhibiciones indecorosas frente a todo el país? ¿Madres torturadas y luego ninguneadas? ¿No son estas formas detestables de agresión las que figuran en el legajo moral de quienes pugnan por gobernarnos?

El gran reto que tenemos como sociedad es crear valores y enseñarlos aún a nuestros dirigentes. Empecemos por casa y terminemos en Palacio de Gobierno.

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