Ven a mi casa esta Navidad

Ven a mi casa esta Navidad

Estamos a vísperas del reencuentro real, cara a cara, con aquel Dios hecho Niño. Acontecimiento inmerecido, pero la ternura, y la misericordia del Niño Dios nos vuelve a decir, ven a mi casa esta Navidad.

Esta invitación nos llena de entusiasmo y optimismo para plantearnos nuevos objetivos. Hay que ir con los pies ligeros, pensando, que nunca estamos solos. Qué bonito es sentirse acompañados en el vaivén de la vida, para aprender y aprender a desaprender para volver a aprender. Este proceso solo es posible, con humildad y sencillez.

Ahí, en esa contemplación del nacimiento, la ternura de la familia, genera un vínculo de mejora, aparecen nuevos objetivos y ganas para hacerlos realidad. Nos debemos a todos. El gran “Canti”, lo decía, que la primera obligación del ser humano es ser feliz, y la segunda, hacer feliz a los demás. No dudo que en ese encuentro con el Niño Dios, aprenderán a hacer afables con todos, a hacer morada de ellos.

Muy positivos, para poder conectar y concebir ese “algo” que necesitan las personas para ser más saludables y felices.

El ven a mi casa esta Navidad, implica, no solamente alegría, sino también audacia y responsabilidad en la mejora de los demás. La energía de la ternura, te lleva a ser objetivos, para ver con tranquilidad las diferencias de los demás, y en ellas, encontrar las motivaciones, para crecer sirviendo; escuchar con eficacia y convertirse en facilitadores alegres y pacientes, para saber esperar con fe y esperanza los resultados.

Es bueno ser importante, pero más importante es ser bueno…, y mirándolo a los ojos, del recién nacido, escucharemos ese, que bonito es verte aquí, que bonito es sentirte cerca… ¡Feliz Navidad para todos!

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