Una pérdida sin nombre

Una pérdida sin nombre

La muerte de un hijo nunca está en el guion de vida de un padre. Es un hecho doloroso que ni siquiera tiene nombre.

Si alguien pierde a su pareja, le dirán viudo. Si pierde a los padres, será huérfano, pero quienes pierden a un hijo ni siquiera tiene la palabra apropiada para ser denominados. Por eso la muerte de un vástago es insuperable y, de algún modo, no está establecida en la ley natural.

Por ello es entendible el dolor que deben padecer los padres de dos jóvenes piuranos, uno estudiante y otra, una reciente profesional, ambos con un futuro brillante por delante, pero que tuvieron la desdicha de cruzarse con la imprudencia y la muerte sobre ruedas, en el Día del Padre.

Es lamentable reconocerlo, pero no es la primera vez ni será la última muerte en las pistas, si es que en nuestras calles no se impone el orden, pero, sobre todo, la cordura y la responsabilidad a la hora de conducir un vehículo motorizado.

Los accidentes no llegan solos: son consecuencias de la imprudencia y la informalidad como se permite y se conduce en nuestras calles. Ojalá que estas absurdas muertes hagan reflexionar a las autoridades y conductores, y así alejar del dolor a otras familias.


Escrito por: José Neyra Moncada
COMPARTIR     Twittear Compartir

José Neyra Moncada

José Neyra Moncada

Director de El Tiempo.