Tiempos difíciles

Tiempos difíciles

La legión de abusadores no cesa en este planeta en el que proliferan tantos dominadores sin miramiento alguno. Por doquier rincón encontramos gentes que son explotadas, comercializadas, sometidas al antojo de un poder sin escrúpulos. Cada día son más los timadores de existencias. La plaga se extiende como la pólvora. Las redes irresponsables y corruptas de determinados imperios injustos, acaban por arruinarnos interiormente la propia esperanza que llevamos consigo. Es tal el bombardeo de miserias que nos seducen diariamente, que no podemos ser una generación pasiva, máxime en un momento de tantas contrariedades e incertidumbres, que socavan el crecimiento y agudizan las desigualdades.

Sin duda, frente a esta multitud de sufrimientos, estamos obligados a detener esta escalada de usurpadores de savias, con la cooperación de todos, y la colaboración de los gobiernos que deben respetar las libertades fundamentales. Desde luego, tenemos que perseverar en el camino de los sueños, reivindicar energía para poder ser uno mismo, aprender a no quedarse paralizado por los miedos, pues lo transcendente es salir de esta atmósfera anestesiada y disponerse a volar, sin permitir que a uno le corten las alas. Uno tiene que tener la autonomía necesaria para poder ser dueño de su propio andar. No olvidemos que la auténtica libertad se asienta en la potestad de uno mismo sobre sí.

También hay que reducir las tensiones, no vayamos a llegar a una quema destructiva, reiniciemos permanentemente nuevos diálogos, pongamos moderación en los lenguajes y un espíritu de concordia. Las rivalidades entre humanos nunca fueran buenas consejeras. Es hora de cambiar comportamientos bélicos por actuaciones que fomenten otras atmósferas más pacíficas. Escucharse es una forma de entenderse. A veces me pregunto cómo se las arreglan esas gentes de paz, esos que escapan de la locura de encenderse mutuamente y no abrazarse, pues de continuar con el ojo por ojo, todo el mundo acabará ciego.

El buen juicio, indudablemente, no necesita de ninguna batalla. Hemos de huir de las acciones inflamatorias, que lo único que empujan son a las barbaries más crueles, la de matarse entre análogos como una condición normal de la existencia. Ojalá estos nuevos tiempos nos hagan meditar y no falten las invitaciones a la racionalidad y al gusto por lo que realmente nos embellece el corazón, el espíritu armónico, para no volver a ceder jamás a la tentación de la violencia y al terror de la guerra. En este sentido, nos alegra que México y Naciones Unidas profundicen su colaboración para el mantenimiento de la paz en el mundo.


Escrito por: Víctor Corcoba Herrero
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Víctor Corcoba Herrero

Víctor Corcoba Herrero

Escritor español