Tiempo de alianzas, desposeídos de intereses

Tiempo de alianzas, desposeídos de intereses

No todo vale para este tiempo de alianzas, se requieren acuerdos desinteresados que tengan como misión responsable, la de preocuparse y ocuparse de toda vida humana, provenga de donde provenga y habite en el lugar que habite. Temo, por tanto, a esas coaliciones de mundos poderosos que no suelen entender nada más que de pedestales. También recelo de esos lazos entre políticos, de gentes que dicen servir a la ciudadanía y no pasan de hacer política para sí y sus seguidores.

El bien común no suele estar en sus agendas. Asimismo, me asustan esas reuniones propiciadas por ricos únicamente para ellos, aunque se les llene la boca de fáciles palabras inclusivas. La exclusión llega al mundo, precisamente, en parte por esa unión de intereses mundanos, que no ve más allá de un sistema productivo injusto.

Aquí todo se termina haciendo por dinero. El desprendimiento apenas tiene hueco en esta sociedad mercantilista, donde todo se compra y se vende. Por desgracia, lo que hace una sociedad fuerte, no es la moral que cultiven sus gentes, sino las finanzas que se posean. Dicho lo cual, deberíamos activar otros valores más del espíritu que del cuerpo. Desposeernos de ese lenguaje adinerado que entienden todas las naciones y conciben los vivientes, sería uno de los grandes avances, que contribuirían a que el mundo se fraternizase en auténtica avenencia de sentimientos.

Ojalá dejasen de abrirse las puertas por dinero, seguramente entonces tendríamos más asegurada la alianza con nuestro análogo. El movimiento social del “tanto tienes, tanto vales” está más vivo que nunca. Es una desgracia más, de difícil modificación de actitudes; ya que el otro movimiento, el educativo, está siempre en conflicto, cuando debiera transmitir distintos itinerarios, más pedagógicos con la realidad, de una ética permanente en su lenguaje, para que puedan ayudar eficazmente a crecer en espíritu solidario, sentido de responsabilidad y cuidados que nos hermanen.

La inclusión no es un invento político, sino una parte vivencial e innata de lo que soy por sí mismo, parte del ajeno que me acompaña. Hoy en día es necesario acelerar este movimiento comprensivo, reeducándonos todos bajo ese hálito, al menos para frenar esta cultura del abandono, originada por una atmósfera que todo lo separa y divide, obviando que somos precisos unos para con otros.


Escrito por: Víctor Corcoba Herrero
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Víctor Corcoba Herrero

Víctor Corcoba Herrero

Escritor español