Su propio juez en la tierra

Su propio juez en la tierra

No nos alegra la muerte de un ser humano. La errónea decisión de Alan García de quitarse la vida, entristece a su familia y partidarios; pero también ahonda la crisis política en el país, sobre todo contra la justicia peruana, cuyas acciones y lucha contra la corrupción han empezado a ser petardeadas desde la trinchera política, aprovechándose, precisamente, de la
muerte del expresidente.

¿Culpable o inocente? La respuesta quedará flotando en el
tiempo, pero el hecho de que Alan haya preferido la ablución de
la muerte a la humillación del encierro, no convierte a la justicia, la Fiscalía o la Policía en culpables o victimarios, ni a él en mártir como proclama con procaz audacia Mauricio Mulder.

¡No hay honor en el suicidio! Todo lo contrario: Soberbia, de creer que solo él era su propio tribunal en la tierra.

Más allá de las discrepancias por este hecho, solo queda advertir que su muerte no debe ser utilizada para acrecentar el odio entre peruanos, atacar a la justicia que enfrenta a la impunidad; o exacerbar el escarnio y la humillación a una víctima de su propio ego.

Justa o no su muerte, solo queda la esperanza que su alma encuentre paz y los peruanos la justicia.


Escrito por: José Neyra Moncada
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José Neyra Moncada

José Neyra Moncada

Director de El Tiempo.