Semana Santa: cultura, tradición y religiosidad

Semana Santa: cultura, tradición y religiosidad

En nuestro país, la Semana Santa adquiere un significado singular por el sincretismo cultural, católico y los elementos propios de la tradición local, reflejado en las prácticas y costumbres difundidas por generaciones, lo que contribuye a fortalecer la identidad de las distintas regiones del país y a destacar la cultura, identidad y patrimonio regional, indica la magíster Laura Albornoz, profesora de la UDEP.

Otra de las aportaciones es la conservación y renovación del patrimonio histórico-artístico, como: bordados, imágenes, iglesias, entre otros, que de otra manera no tendrían su actual estado. Asimismo, la población local preserva y difunde sus costumbres centenarias, su tradición gastronómica y musical, las concurridas y fervorosas procesiones, y el recorrido de calles y plazas durante la tradicional visita a las iglesias, acota.

La Semana Santa tiene singularidades notorias según la localidad donde se desarrolle, que dan lugar a varias manifestaciones regionales reconocidas como Patrimonio Cultural de la Nación. Todas ellas tienen en común la fe, la religiosidad, la devoción católica y el impacto sociocultural y económico.

Siete iglesias

Este año, en Piura se retomó la peregrinación conocida como la visita de las siete iglesias. El jueves, los templos de San Sebastián, Catedral, San Francisco, María Auxiliadora, El Carmen, Cruz del Norte, San José, Santísimo Sacramento volvieron a recibir fieles que van a orar ante la imagen de Jesús Crucificado o el Cristo Yacente.

Las visitas a los templos son con el fin de agradecer a Jesús por el don de la Eucaristía y del sacerdocio que instituyó la noche previa a la pasión; asimismo acompañar en los sufrimientos durante la oración en el Huerto de Getsemaní, recordar su paso por las casas de Anás, Caifás, Herodes, Pilato, en el monte Calvario y del sepulcro.

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Los siete potajes

Los siete potajes es una tradición de los pueblos andinos. Se practica en el norte de Colombia y en algunas regiones del Perú. Según la tradición católica, esta costumbre nació en conmemoración de las Siete Palabras que pronunció Jesús de Nazaret antes de morir crucificado. También busca recordar la última cena de Jesús con sus apóstoles.

En Catacaos la tradición señala que el Jueves Santo el depositario ofrezca a los invitados, que por lo general son más de cien, siete platos, entre los que se encuentran frutas, galletas, aceitunas, ají de gallina, copús, sopa de gallina, sopa de novios, entre otros.

El Viernes Santo el doliente ofrece siente potajes a base de pescado y mariscos.

Lo que ya no se hace

Una tradición que ya se ha perdido es la de tocar las puertas en la noche del Jueves y Viernes Santos. Las abuelas decían que con esto se anunciaba al mundo la muerte de Jesús, otros añadían que con el ruido se espantaba al Diablo que andaba suelo, al estar Jesús muerto. A esta tradición se le conocía también como tinieblas.

El historiador Miguel Arturo Seminario señala que se hacía sonar con mucha fuerza hasta las tapas de las ollas, para que salga el “enemigo”.

Las tinieblas son la evocación de la hora en la que Jesús expiró diciendo “Todo está consumado” y luego “el cielo se cubrió de tinieblas, hubo tormenta, el velo del templo se rasgó, se produjo un terremoto, algunos muertos salieron de sus tumbas, todo Jerusalem se conmocionó.

Para la tradición popular, en ese momento los demonios se desataron, ante un Jesús muerto, los diablos salieron del infierno, porque no había quien los detenga, y se metieron donde se les ocurrió, Lucifer y todas sus legiones estuvieron a sus anchas hasta el día de la resurrección, en que todo volvió a la normalidad, los demonios se encadenaron nuevamente en el infierno, pero para la tradición popular, cada Viernes Santo, tras la muerte de Jesús volvían a desatarse, el “enemigo” quedaba suelto por 3 días, hacía falta un San Miguel Arcángel para que los precipite nuevamente al infierno, como lo hizo al derrotar a Lucifer y a sus legiones, después que por la soberbia se rebelaron contra Dios, señala.


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