Revolución peruana

Revolución peruana

Elegir presidente de la República es apostar por alguien que nos represente; por esa razón algunos levantan la bandera diciendo “tú no me representas, no me identifico ni con tu persona ni con tu trayectoria, ni con tus ideales y propuestas”. En realidad nunca encontraremos alguien que aglutine a todos y que logre el gran consenso nacional, y ese es el error que cometemos: fijarnos en mesianismos e iluminados; así, llegan a la casa de Pizarro truhanes de toda laya a imponer sus ideologías y apetitos; pasamos de éste al otro sistema diametralmente contrario, y se nos va yendo el tiempo, se nos acaba la vida, no evolucionamos, más bien involucionamos y retrocedemos camino a las cavernas, la gente vive en cuevas, come en los basurales, se matan unos a otros; ignorantes y analfabetos desocupados dedicados a la “caza y a la recolección de carteras, monederos, y todo artículo mal puesto”.

Caminamos sin norte y sin objetivos claros, cada político quiere imponer su ideología y agenda; si tuviéramos un verdadero Acuerdo Nacional producto del diálogo y consulta nacional y no sólo elaborado por algunos cuantos académicos limeños; un Acuerdo Nacional con carácter vinculante para los parlamentos, gobiernos, nacional y local, que les sirva no sólo como “hoja de ruta mentirosa” sino como “sagrados deberes por cumplir”, unos puntos claves y necesarios para lograr el desarrollo humano integral para los peruanos y especialmente para los más desposeídos. Hace falta esa revolución, ese cambio de perspectiva; de ese modo nunca tendríamos que elegir a nuestro presidente entre mocos o babas, o entre rojos y no rojos.

Nos hacen falta grandes metas nacionales con ideales nobles. Recuerdo en la primaria de los años sesenta teníamos libros de texto, había uno grueso como una Biblia y se llamaba “Venciendo” y otros que se llamaban “Cuesta Arriba”, “Cumbres”, etc., y es que de eso se trataba la educación peruana: exigencia, disciplina; ese era el reto, avanzar, subir, vencer, esforzarse, lograr metas, superar marcas como en el atletismo; pero nuestra realidad es dolorosa y dura: egresan de la educación básica regular sin haber logrado los más mínimos aprendizajes y maquillaron las calificaciones, luego ingresan a la universidad con nota desaprobatoria, sólo hay que cubrir vacantes o que sólo paguen para ingresar; la demagogia de “universidad para todos” y el zarpazo lucrativo de fundar universidades delivery sólo para el negocio


Escrito por: Miguel Medina Pacherre
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Miguel Medina Pacherre

Miguel Medina Pacherre

Sacerdote. Párroco de Nuestra Señora de Guadalupe.