Revisar la absurda y retrógrada repitencia de año

Revisar la absurda y retrógrada repitencia de año

En reacción a mi post “La (absurda) repitencia de grado” algunos sostienen que al evaluar Matemáticas y Comunicación como requisito para aprobar el año se evalúan las habilidades duras y al evaluar las capacidades éticas, sociales, humanísticas y la solvencia tecnológica evaluamos las habilidades blandas que no son tan decisivas si es que se desaprueban, o en todo caso, que no tienen el mismo peso que Matemáticas y Comunicación como factores de repitencia.

Esta es una de las alienaciones culturales que ha traído PISA y su hermano menor, las ECE y similares. Me explico:

1) No hay forma de separar unas de otras. Si no rindo en Matemáticas porque le tengo miedo al profesor o porque los jalados anteriores me han hecho sentir incompetente, o aunque sé los temas me pongo muy nervioso durante el examen y me bloqueo emocionalmente, ¿eso es duro o blando? 

2) Repetir de año si es que me desaprueban en Matemáticas o Comunicación pero no si ocurre en arte, personal-social o tecnología ¿aboga por una visión de educación integral?

3) ¿Qué evidencias científicas avalan que el dominio de Matemáticas es el mejor predictor del éxito en la vida, o aunque sea para los estudios en un instituto o universidad, más allá de rendir los absurdos exámenes de ingreso? Esa es una arbitrariedad inventada por PISA y la educación tradicional y el facilismo de las universidades a las que les acomoda los exámenes con respuestas prefabricadas para que el postulante se limite a marcar una de ellas, como si estuviera en el siglo XIX (no piensa, no opina, no pregunta, no busca caminos propios; solo debe ser pasivo y repetir lo que dice o lo que el profesor considera correcto).

4) ¿No es absurda la idea de que repetir de año sirva para algo? 


Escrito por: León Trahtemberg
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León Trahtemberg

León Trahtemberg

Educador y columnista de diversos medios de comunicación. Es miembro del Consejo Nacional de Educación desde el año 2002. Ha publicado 16 libros sobre Educación Peruana. Recibió las Palmas Magisteriales en grado de Amauta, máxima condecoración otorgada por el Ministerio de Educación del Perú (2001).