“Que Piura no se convierta en Trujillo”

Seis asesinatos en solo ocho días no es cosa que deba tomarse a la ligera. La frase del general Dennis Pinto, que hasta hace poco sonaba a advertencia -“que Piura no se convierta en Trujillo”, aludiendo a sus altas tasas de criminalidad- parece convertirse en una infeliz realidad.

El último asesinato, el del conocido cevichero “Pepes”, no menos famoso que su hermano “Pedrito”, nos deja entrever algunos de los rasgos de ferocidad con que los delincuentes actúan: recurren al pistoletazo gratuito, a la puñalada sin ningún tipo de premeditación; al salvajismo que no distingue nada ni a nadie. Frente a esta situación, ¿está preparado nuestro sistema de seguridad? ¿Tenemos a los agentes competentes para contrarrestar este tremebundo avance del hampa?

En principio, debemos notar que no nos enfrentamos al típico asaltante de cuadra penumbrosa y media luz que, provisto solo de un arma de juguete, arrebata carteras o celulares. Nuestro enemigo es un asesino, un ladrón al que se le escapa la situación de las manos o que con toda conciencia roba el dinero y la vida.

En este último caso, lo hace como si cumpliera con un guion. Este nuevo fenómeno nos encuentra, a la ciudadanía y a las autoridades, con las manos amarradas, sin información concreta y actualizada sobre las zonas de peligro, sin la fuerza policial suficiente y con escuelas técnicas de la Policía que más bien parecen clubes con barra libre para el hampa.

Hasta la fecha, nuestras autoridades no consiguen hallar los mecanismos de consenso para desarrollar una estrategia articulada que devuelva la tranquilidad a Piura y sus provincias, distritos, caseríos, etc. En tanto, cualquiera de nosotros puede ser la próxima víctima.

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