Prejuicios que cuestan caro a la ciudad

En nuestro país existe un prejuicio que, lamentablemente, ha minado la posibilidad de articular más sectores económicos con el objetivo de garantizar el desarrollo de las ciudades. Este prejuicio afirma que delegar ciertas tareas económicas al empresariado es lo mismo que hipotecar la ciudad.

Lo vemos en Piura: un grupo de comerciantes formales del Complejo de Mercados, actualmente embarcado en proyectos millonarios de modernización, propuso a la municipalidad provincial transformar áreas donde hoy se asientan ambulantes (que no tributan pero sí ensucian y, además, contribuyen al caos y la delincuencia) en parqueos. La condición era considerar dichos espacios como partes de la modernización de los centros de abastos. ¿Cuánto ganaba la MPP? Mucho: se lograba poner orden, cosa que no ha conseguido el municipio ni apelando a la fuerza; se lograba dinamizar la vida comercial y brindar garantías a los compradores, lo que aseguraba más trabajo por la mayor afluencia de clientes; y, finalmente, se cambiaba el rostro decadente de esa zona de la urbe, tarea también incumplida por el Estado en miniatura que es la municipalidad.

Pero la mezquindad de aquellos “políticos” de un dedo de frente ha echado por tierra, al menos momentáneamente, esta posibilidad. Es probable que algunos comerciantes, como los de la plataforma Juan Velasco Alvarado, acometan el proyecto por cuenta y riesgo propios, pero no recibirán el incentivo (merecido, creemos) por ayudar a limpiar la casa común. Los cerebros de la MPP opinan que los comerciantes lucrarán con los parqueos y la comuna se quedará sin nada. Es decir, la disputa es un asunto de tajadas. Insistimos: la mezquindad es cosa triste.

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