“Por buscar la concha de abanico encontré un tesoro”

“Por buscar la concha de abanico encontré un tesoro”

Jorge Luque Ortiz, empresario. Piura.


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Gerardo Cabrera

La vida de este hombre de 62 años está atiborrada de aventuras. Desde pequeño está ligado al mar -su abuelo fue marino-, lleva más de 40 años dedicados, según dice, a la gastronomía, pero 35 de ellos dedicados a la pesquería entre México, Panamá, Perú y Chile.

     Ahora, sentado en un mueble de su restaurante, -y entre las bocanadas de su cigarrillo- se reconoce un ‘piuranazo’ más. Revela, mientras supone un mapa ficticio de la bahía de Sechura, que las recetas más recónditas de su abuela Cristina son el ‘swing’ de su proceder culinario. A sus 62, Jorge Luque Ortiz es el ‘master chef’ de su negocio, pero sería un multimillonario de haber seguido otra de sus pasiones: la maricultura, la producción de concha de abanico.   

–Ha dedicado su vida a la gastronomía, dicen.

–Mi abuela Cristina me enseñó desde los 7 años sus más variados platos de comida, me pegó al fogón,  y gracias a eso soy el poseedor de casi todas sus recetas. Siempre sentí apego por el mar, ya joven, con dos o tres amigos salía los domingos con mi tanque de buceo a recolectar conchitas, choros….mariscos. Incluso, dicen que llegó mi abuelo, quien fue Capitán de Puerto en Pisco, una vez a casa con el presidente Prado…miles de aventuras.

–¿Y cómo así llegó a Piura?

–Desde que tenía 15 años, con mi padre veníamos todos los años en julio a pescar a Vichayo, a Máncora… La pesca es mi vida…

–¿Y por la pesca se quedó aquí?

–No. Yo trabajé en Panamá en temas de pesquería y concha, y allí, con los estudios y teorías, me doy cuenta de la probable riqueza de la concha de abanico escondida en esta bahía de Sechura. Nadie la conocía, entonces armé una operación completa, 11 buzos extractores. Recuerdo que trabajé con Narcizo Eche, Andrés Zeta, los Hnos. Fiesta o Pedro Juárez. Corría 1988…

–¿A qué tipo de aventuras se refiere?

–Por andar en esas faenas de buscar concha de abanico encontré un tesoro: libras esterlinas de oro. Según investigué, era un pago que recibiría Perú desde Europa…Se trataba de la motonave Columbia de la Pacific Steam Navigation Company siniestrada en octubre de 1906…

–Exactamente, ¿en qué punto?

–En unas peñas de la isla Lobos de Tierra, a unas diez horas de la bahía de Sechura, un día en que nos acercamos para pescar y comer algo. Un buzo regresa y me muestra una especie de chapita de cerveza: era el oro puro más reluciente que te puedes imaginar. Fue en los noventa. 

–¿Y qué pasó con eso, luego?

–Pese a que seguí todo el proceso, contraté a un estudio de abogados y se dinamitó todo, se esparció todo. Pedí una zona de exclusión, porque es parte de la Historia, era como encontrarla. Esa es la real historia.

–Volviendo a la maricultura ¿usted fue uno de los pioneros?

–Esta anécdota fue por encontrar el banco madre de la concha de abanico. Todo lo que hay en Sechura lo he generado yo, pero esa es otra historia.


La autoficha

Nací en 1952, hace 62 años. Soy chalaco, nací en La Punta. Estudié en el colegio Inmaculada y Administración de Empresas en la Universidad de Lima. Serví en la Escuela Naval y trabajé en Panamá. Soy aficionado a los deportes acuáticos, vela y remo. Vivo con mi esposa e hijos en Piura. Amo esta tierra prodigiosa. Tengo mi restaurante Picata, el único que está en Batata (Real Plaza).

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