Cuando respirar se convierte en un lujo y una odisea en Piura

Cuando respirar se convierte en un lujo y una odisea en Piura

“Una de las cosas que más me impactó en ese ambiente es que, mientras esperábamos para recargar los balones de oxígeno, otra gente de la cola se enteraba de que sus familiares ya habían muerto. Escuchaba sus gritos y su llanto. Era como estar en una guerra”, comentó el cura de la parroquia San Lorenzo Mártir (en Cruceta), Jorge Olaya, cuyo padre falleció recientemente a causa del coronavirus.

Hace poco más de una semana, al eclesiástico le llegó la noticia de que sus padres, quienes viven en Talara, estaban delicados de salud, por lo cual se movilizó a dicha provincia, donde la situación con el abastecimiento de oxígeno es aún más crítica que en Piura, pues no tienen plantas que lo produzcan.

“En el hospital me dijeron que mi papá necesitaba oxígeno con urgencia. Un amigo me ayudó a llegar a Piura y me enteré de todo este mercado de venta de balones. Había muchos números en las redes sociales, pero muchos no respondían”, contó.

El precio más cómodo que logró encontrar por un balón de 10 m³ (el más grande) fue de S/4.200. Pero los precios se movían también entre S/6.800 e incluso S/7.600, dependiendo del distribuidor y de la desesperación de los familiares. “Al final, el hospital de Talara era el que nos daba los balones para que nosotros viéramos como llenarlos. No tenía sentido porque en Talara no hay oxígeno. Fuimos a Oxyman, por ejemplo, pero otras muchas productoras no trabajan con personas naturales, solo que en un momento lo aperturaron por la emergencia. No era posible abastecer a tanta gente y colapsó ese sistema de venta”, afirmó el párroco Jorge.

Para él, era una lucha constante y diaria. Un paciente COVID-19 puede consumir un balón de oxígeno en un día o menos, según la gravedad de su caso. Por ello, no le quedaba más que empezar a formar cola afuera de la planta productora desde las 5 a.m. para que le recarguen los balones que le habían dado en el nosocomio, y allí podía quedarse hasta las 3 a.m. del día siguiente. Por cada recarga podía pagar entre 70 y 100 soles; definitivamente mucho más económico que negociar por balones en el mercado.

Sin embargo, no es solo cuestión de conseguir el balón: algunas personas deben también jugárselas para conseguir manómetros y, si los encuentran, los precios pueden variar entre 200, 600 y hasta 200, según el párroco.

“A mi padre no le faltó el oxígeno nunca, pero igual falleció por esa enfermedad. La luchamos hasta el final, pero ahora continúa esa batalla con mi madre y mi hermano menor, que también están contagiados”, finalizó.

Por Andrea Flores Khalil

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