Editorial: El pueblo no puede dejar de indignarse

Editorial: El pueblo no puede dejar de indignarse

Vivimos momentos decisivos para el futuro del país. Más de 33 millones de peruanos de toda condición somos los protagonistas del rumbo que tendrá en los próximos años el Perú.

Dado que nos ha tocado vivir en un momento inconfundible de la historia, en que la solución a la gran crisis -característica del Bicentenario de la República- depende casi exclusivamente de los ciudadanos, conviene preguntarse qué tiene que pasar para que el pueblo -el verdadero pueblo de carne y hueso y no el existente solo en la imaginación de Pedro Castillo y su premier- reaccione y exija rendir cuentas a quienes están saqueando al Estado.

Y es que hay demasiados indicios para ignorar el mal olor que despiden los escándalos cada vez más numerosos en la administración pública. Los analistas consultados se muestran preocupados por el grave riesgo de que los constantes casos de presunta corrupción -que amenazan con normalizarse-, terminen anestesiando a la gente al punto de que ya no le importe la podredumbre.

Se equivocan quienes creen que “no pasa nada” si todos nos dedicamos a dejar pasar. Error, sí pasa. Lo más grave que podría ocurrir si el Gobierno no aclara los escándalos de corrupción o los funcionarios -a quines se les compruebe hechos dolosos- no dan un paso al costado, es llegar a la degradación moral del país.

Evitar la pérdida de valores, defender la salud moral del país, no siendo indiferentes ante un Estado ineficaz y tolerante con la corrupción, son algunos de los retos que el país pone a los peruanos.

A estas alturas ya son muy pocos los que esperan coherencia y respeto al país por parte de un Legislativo y un Ejecutivo que hace rato dejaron de ser parte de la solución y ahora son un gran problema del país, para salir de la crisis. Ya demostraron que no se irán. Ya nadie en Palacio habla de cierre del Congreso y en el hemiciclo ya no se menciona la palabra vacancia, renuncia ni denuncia constitucional.

No tienen razones para atacarse. Sin presión ciudadana están muy cómodos defendiendo sus lobbys, sus negocios, sus leyes a la medida. Aunque salgan audios, videos y cuanto documento evidencie sus repartijas de cargos y millones, no pasará nada si el verdadero pueblo sigue mudo. ¿Qué más tiene que pasar para que exijamos respeto?


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