Editorial: La transparencia no es su fuerte

Editorial: La transparencia no es su fuerte

Estamos en la recta final de las campañas electorales y algo que se ha extrañado de los candidatos es la transparencia a la hora de hablar de sus gastos para afiches, pancartas, propaganda en medios, etc.

Un signo de bonhomía política en un candidato es su voluntad de no dejar dudas sobre su idoneidad para ser gobernante. En nuestros complicados tiempos de dudas que matan cualquier esperanza, ser veraz y transparente no solo debe ser un gesto, sino una autoexigencia.

Lamentablemente, estas cuestiones no pasan por la cabeza de todos los postulantes; algunos han presentado sumas improvisadas de gastos, otros prefieren esperar al final de las elecciones para dar a conocer todo y uno se pregunta por qué habría que esperar tanto cuando la mejor propaganda política es la claridad de discurso, una actitud vital coherente y las matemáticas bien hechas.

Sí, parece que la mayoría de candidatos tuviera algo que ocultar. Quizá tenga mucho que ver esa comprensión errada, maniquea, superficial y convenida de que la pobreza es una virtud y la riqueza, lo malo. En el afán de parecer más virtuosos que el contrincante, algunos candidatos creen que callando sus gastos reales se verán más franciscanos y, en consecuencia, más campechanos, más “del pueblo”.

Otro caso es el de aquellos aspirantes a cargos públicos que son concientes de que su presupuesto de campaña tiene un origen, cuando menos, sospechoso. En un caso y otro el silencio mina la poca confianza que la población podría tenerles. Y ganar una elección “por ser el mal menor” crea un vacío de legitimidad difícilmente subsanable.

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