La agroexportación y el ambiente político

La agroexportación y el ambiente político

Los exportadores están pasando un mal momento.

A los costos derivados de la pandemia se suma ahora el caos dejado por el COVID-19, que no permite la normalización de las actividades portuarias. Los estrictos protocolos sanitarios en cada destino ha causado el abarrotamiento de las terminales. La descarga de productos se demora, lo cual encarece los costos y genera la falta de contenedores para enviar productos.

Sin duda, que para el ciudadano común y corriente la agroexportación parecería ser un problema que no le afecta. Sin embargo, esto no es así. Detrás de cada fruta producida o de cada kilo de pescado o de mineral que se envía a otro país hay una gran cadena de personas que proveen servicios a las empresas.

En el caso de Piura, detrás de la uva hay personas que han invertido su dinero en la siembra, trabajadores administrativos, trabajadores del campo, transportistas, proveedores de servicios y productos para que la uva crezca. Si uno de los eslabones de la cadena se rompe, el perjuicio es para todos. Por ello, es que es tan importante mantener un alto nivel de exportaciones. Esto permite mover la economía, tanto en el nivel macro, como micro. Es decir, va desde el pago de impuestos hacia el erario nacional que luego se revertirán en servicios para la población, hasta el ingreso de los trabajadores que viven con lo que genera su esfuerzo.

La inestabilidad política es otro tema que pone en riesgo la actividad. Nadie quiere invertir, en este momento se está cosechando lo que sembró con el pasado gobierno, pero no se han incorporado tierras nueva a la agricultura, es decir, que por ahora la producción no va a crecer en forma significativa.

En medio de todo este incierto panorama se suma ahora la discusión para sacar adelante una II Reforma Agraria, que hasta ahora no se conoce qué pretende, cómo será y a quién va a beneficiar. A esta Comisión de discusión del futuro agrario del país no han sido invitados los productores, los que saben cómo se labra la tierra, lo que cuesta y los desafíos que implica producir en este país, en donde las cosas cambian de un día para otro sin mayor explicación.

Sin duda que la participación de los productores es vital para que este proceso, impulsado por el Gobierno, se dé con equidad y beneficie al productor y no a los burócratas de siempre.

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