“La psicología de la mentira”

La sensación generada tras una mentira es de engaño, y para la mayoría es altamente displacentera, porque lleva a pensar “me están tomando el pelo”, “creen que soy tonto”. La desconfianza aumenta; lue...

“La psicología de la mentira”
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La sensación generada tras una mentira es de engaño, y para la mayoría es altamente displacentera, porque lleva a pensar “me están tomando el pelo”, “creen que soy tonto”. La desconfianza aumenta; luego, se generaliza, se extiende. La mentira es un agente muy característico en nuestra sociedad. Una de las perspectivas para mirarla es que resulta ser el vehículo para transportarnos y relacionarnos con las personas. Incluso, aunque suene curioso, ayuda a mantener las interacciones sociales, por ejemplo, entre la pareja, entre familiares o con los amigos. Por ejemplo, ante las típicas preguntas, ¿cómo me veo? o ¿qué tal me queda esto? Siempre tendrás dos posibilidades de respuestas; sin embargo, la que des, hará la diferencia en tus relaciones interpersonales. Por ello, muchos optan por las mentiras piadosas, sin la intención de causar daño, donde el impacto es mínimo. La otra perspectiva para ver la mentira es cuando esta sí perjudica, no solo a una persona, sino, a muchas, hasta millones, sin importar poner en riesgo la vida de otros. ¿Por qué suele ocurrir este comportamiento? Las personas mienten porque las consecuencias de hacerlo le resultan favorables y, al hacerlo, pueden estar evitando el castigo o rechazo. Prevalece el miedo a lo que se pueda enfrentar al decir la verdad, que puede ser el rechazo de sus seres queridos, etc. Para mentir se alinean razones emotivas, cognitivas y conductuales. Todo comportamiento recibe un juicio valorativo por la sociedad, con criterios y acuerdos previamente establecidos, donde se espera, seguirlos. En la dimensión moral y ética de la sociedad, la mentira representa un comportamiento no aprobado y, sobre todo, sancionado; en la religión se concibe como pecado; y en la política es un acto corrupto, según afirma Martínez, en su libro “La psicología de la mentira”. Para desbaratar estas mentiras, en las investigaciones de los años 90 como las de Paul Ekman, se sugería verificar las microexpresiones, porque se asociaba al lenguaje o verbal. Sin embargo, con los últimos metaanálisis (del 2010 hacia adelante), la mentira se define como una construcción cognitiva y acto lingüístico; por eso, es importante hacer hincapié en el discurso, en lo mencionado sobre la supuesta verdad. Para mentir, se necesita el doble o triple esfuerzo del cerebro. Para descubrir una mentira, haz preguntas para verificar detalles: qué observaste, cuántas personas había, qué hacían; u otras sobre detalles muy precisos, que solo podría saber quién verdaderamente haya vivido ese acontecimiento. Cuando esta persona ya no pueda más, la presión cognitiva revelará su real comportamiento, y descubrirás la mentira.
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