Eutanasia, somos mucho más que un cuerpo

En el tema de la eutanasia, los jueces deben evitar partir desde visiones antropológicas sesgadas, reductoras de la condición humana, premisas equivocadas, falsas o ideologizadas; una sentencia así di...

Eutanasia, somos mucho más que un cuerpo
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En el tema de la eutanasia, los jueces deben evitar partir desde visiones antropológicas sesgadas, reductoras de la condición humana, premisas equivocadas, falsas o ideologizadas; una sentencia así dictada deviene no sólo en injusta, sino también en perversa; así mismo, pónganse a buen recaudo de presiones mediáticas, sentimentalismos y emociones pasajeras que niegan, nublan y esconden la verdad en detrimento de la objetividad que debe ser base de una sentencia justa. Señorías, cuídense de dictar sentencias arrogantes asumiendo un rol que escapa a sus competencias; por eso, los fundamentos de la sentencia que cimentan la parte resolutiva deben ser sólidos e irrebatibles. No olviden distinguir: ¿De qué se trata en el tema de la eutanasia? ¿Del sufrimiento o de la libertad de la persona? Fijándome en la sonrisa de Ana Estrada digo: el cuerpo sufre, pero el alma sonríe; la psicología es una bella profesión que nos ayuda a conocer los recovecos de la “pisqué” para enseñarnos a lidiar con ella, depresión, confusión, carácter, sufrimientos, etc.; precisamente la existencia de esta profesión reconoce esa verdad que muchos niegan y que Jesús enrostrara claramente al príncipe de la mentira: “No sólo de pan vive el hombre” (Mt. 4,4), hay otras dimensiones de la persona que están por encima del cuerpo y que son más nobles que él; el hombre es un ser bío-psico-espiritual. Ahora quisiera que miremos en las olimpiadas paralímpicas, atletas llenos de vida e intensidad por encima de la tragedia de sus vidas: mutilados, sin brazos, sin piernas, ciegos; atrofiados de nacimiento, y véanlos, entusiasmados, dándole cara a la adversidad, sonrientes, esforzándose, exigiéndose y retándose a sí mismos, afanados por superar no sólo sus propias marcas sino también sus propias limitaciones con un cuerpecito que no les ayuda, pero que al mismo tiempo es su acicate y la garrocha con que sortean su adversidad; ellos saben que son muchísimo más que su cuerpo, el cuerpo no les define, tienen fuerzas y energías poderosas que no les brotan del cuerpo sino de lo más hondo de su vidas, sus mentes y sus almas. ¿Les han visto escribir, tocar el piano, la guitarra con los dedos de sus pies, mujeres sin manos encendiendo la cocina; cocinando para sus niños, atendiéndolos, amándolos y “abrazándolos sin brazos” pero sí con su corazón? ¿Sufren? Sí, pero luchan con fuerzas superiores, fe, esperanza, amor y sacrificio por los suyos.
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