Eliminar las PASO es retroceder

Porque la democracia nos cayó como un baldazo de agua fría tras siglos de vasallaje paternalista y de virreinato ambiguamente mimoso y explotador.

Eliminar las PASO  es retroceder
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Para disgusto de liberales, libertarios y progresistas, en el Perú existen asuntos para los cuales no es posible implementar la libertad de acción sin haber fortalecido coercitivamente las bases educativas y, por consiguiente, la conciencia política de los peruanos.
Eliminar la obligatoriedad de las Primarias Abiertas y Simultáneas (PASO), que han sido, hasta ahora, el método más razonable para asegurar la participación y representación democrática en los comicios, es un retroceso al caudillismo y un intento peligroso por imponer voluntades que poco tienen que ver con la política o la gobernabilidad, sino con la conquista -o compra- del poder, la búsqueda de impunidad y el clientelaje. Nos guste o no, en el Perú la democracia solo se consolidará mediante la coerción, la multa y la fiscalización hasta crear una cultura electoral -y política en general- viable y sostenible.
Los peruanos parecemos agobiados por ese ánimo derrumbado que nos hace mirar al otro, al vecino o al de más lejos así como los mortales miraban a los hiperbóreos en las leyendas. ¿Por qué mirar con admiración a las democracias representativas más avanzadas, como la estadounidense o la canadiense, o incluso a la democracia directa suiza sumida en una paz perpetua? ¿Por qué nos detenemos a admirar y envidiar en vez de construir? ¿Y por qué cuando construimos, echamos todo abajo, lo destruimos con apasionado encono, como si nos negáramos a nosotros mismos, colectiva e individualmente, el derecho al desarrollo y la felicidad?
Porque la democracia nos cayó como un baldazo de agua fría tras siglos de vasallaje paternalista y de virreinato ambiguamente mimoso y explotador. La vida colonial no nos enseñó a ser responsables y la república, en doscientos años, no nos convirtió en ciudadanos. Todavía no. Un ciudadano no solo habita la ciudad, sino que la construye; no solo consume la prensa para formarse una opinión, sino que es activo productor de ideas y propuestas.
Un ciudadano tiene bandera. ¿Pero qué opinión y qué bandera podría tener quien, de prosperar la arremetida de este abominable Congreso, tendrá que elegir entre aquellos puestos a dedo por los empresarios de la política peruana? Porque, como bien lo dijo el experto en temas electorales, Fernando Tuesta, esta decisión calza a la medida de los dueños de los partidos.
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