Editorial: El shock está bien, pero no lo es todo

Los ideólogos del shock pensaban que los efectos de mejora se verían en el corto plazo, pero no fue hasta el año 96 que el piso se estabilizó.

Editorial: El shock está bien,  pero no lo es todo
Editorial: El shock está bien, pero no lo es todo
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Del extremo sur del continente se escucha la voz de un líder que se sincera ante su pueblo y dice: “No hay plata, no hay alternativa al ajuste, no hay alternativa al shock”. Los peruanos sabemos que el asunto es serio, porque en el año 1990, dos días después de la toma de mando de Fujimori, fue decretado un “paquetazo”, nuestra versión del shock, una medida que clavó al madero al inti y su ficticia capacidad adquisitiva, y nos trajo, como fruto de tan extraño y oscuro arbor infelix, el nuevo sol.
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Los ideólogos del shock pensaban que los efectos de mejora se verían en el corto plazo, pero no fue hasta el año 96 que el piso se estabilizó. Lo que sí ocurrió fue la reducción drástica de la inflación entre 1990 y 1991: el Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) calculaba en 7.649,6% la inflación monetaria de 1990. Para el Banco Mundial, en agosto el récord era de 12.379%. Un año después, en noviembre, con las medidas liberalizadoras de la economía en vigor, era de 140% mensual. En 1996, con los precios a niveles de mercado, la hiperinflación finalmente fue domada y el Perú pudo recaptar inversiones. Precisamente, 1996 fue el año en que comenzó el declive de Fujimori. Quienes han estudiado el tema, creen que el mandatario enfocado entonces en concentrar el poder- no supo aprovechar el mayor potencial económico de la década para construir un país más inclusivo, una sociedad de productores intercambiando sus servicios, un ideal de coexistencia que algunos llaman “capitalismo popular”.

El shock, como se anuncia en Argentina, es una medida inevitable cuando la economía ha sido deteriorada por el populismo y la estanflación se asoma, pero no todo se reduce a privatizaciónes y estabilización de precios. También es preciso que los Gobiernos vean en el saneamiento de la economía una oportunidad para crear riqueza, riqueza adecuadamente distribuida, con oportunidades generales de producirla o alcanzarla. Si al sur del continente y, como eco, en otros países de esta región, incluso el Perú se oyen voces de libertad económica, de recuperación del individuo y su dignidad por encima del pordioserismo populista, es preciso recordar las lecciones de los tiempos pasados: incluso una soga al cuello parece una cadena de oro a quien tiene un plato servido delante.

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