Editorial: El otro defensor del pueblo

Algo que se espera de la profesión periodística es que quien la profese sea una persona transparente y veraz a cabalidad.

Editorial: El otro defensor  del pueblo
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Algo que se espera de la profesión periodística es que quien la profese sea una persona transparente y veraz a cabalidad.

Los tiempos modernos, sin embargo, se presentan como de mayor reto y son muchos los profesionales -incluidos los periodistas- quienes sucumben a los encantos del orden, el dinero y otras sensualidades.

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Durante las últimas semanas ha circulado información sobre cómo se estaría repartiendo la torta presupuestaria en el rubro de “publicidad estatal en medios”. Han aparecido nombres que nos provocan sorpresa, pero en general hemos comprendido que, dado el funcionamiento empresarial del periodismo, es lógico que se acepten dineros a cambio de servicios. Lo que deberíamos preguntarnos en si la información diaria está contaminada por los intereses personalísimos de sus propietarios o de quienes pagan tales consultorías.

¿Cuál es la clave para distinguir entre un “medio esclavo” y “un “medio en camino a la libertad”? La pluralidad de los artículos. Cuando un medio está abierto a la mayor cantidad de voces, al margen de su calificación profesional aunque con especial atención su experiencia, estamos yendo bien, pues fomentamos la libertad de expresión y el derecho a crítica como consustanciales al desarrollo del sistema político.

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Lo que ocurre es bastante simple: la ciudadanía está hastiada de ver cómo los recursos públicos -que en teoría le pertenecen- son empleadas de cualquier manera por los políticos. Esta es la misma población que todavía llama a los teléfono para avisar que un desagüe roto, que hay un muerto en las pistas, etc. Cuando ven que una empresa periodística cobra partidas más allá de cuatro dígitos, creen haber perdido a su último defensor.

Como dijimos anteriormente, el periodismo constituye en muchos casos empresas privadas con muchas características de una entidad particular. Así que la aparición de empresas en las listas de pago de la Municipalidad de Lima o cualquier otra municipalidad de país, no debería inquietarnos ni sorprendernos. Pero podríamos preguntarnos si tal o cual medio ha cambiado su discurso después de haber recibido plata de fulano o zutano. Si fuera así, estaríamos ante un caso de “venta” de la conciencia. Ni siquiera venta, sino “alquiler”.

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