' .

Cuando la Iglesia duele

septiembre 25, 2025
Autor: Redacción El Tiempo
Cuando la Iglesia duele

Compartir:

Por: Pbro. Miguel Medina Pacherre / sacerdote

Soy católico hasta el tuétano, con garra y con pasión; fueron mis padres y familia quienes me iniciaron en la fe, crecí en un ambiente muy católico; sin embargo, llegada la adolescencia y juventud seguí una vida disipada y tormentosa; no obstante, nunca, nunca se me pasó por la cabeza abandonar la Iglesia, ella estaba y está muy metida dentro de mí.

Más adelante, en la formación sacerdotal conocí muchas cosas no santas que sucedieron y sucedían dentro de la Iglesia y de sus miembros, curas, obispos, Papas y gente consagrada, pero esto, lejos de hacerme dudar, me acercó mucho más a ella; ninguna institución humana dura tanto si sólo estuviera a merced de sus miembros humanos; en ella hay algo sobrenatural que la anima y la sostiene más allá de sus miserias; en ella actúa Dios, doy fe.

El Vaticano II reconoció que la Iglesia es “santa y también pecadora”, santa por la presencia de Cristo y pecadora por nosotros pecadores; la Iglesia no es sólo una roca fuerte y firme sino también una barquilla en el océano, zarandeada y a merced de las olas y las tempestades.

Suele suceder que “la Iglesia” duela y escandalice; la falta de unidad entre nosotros escandaliza a los fieles, no nos ven ni unidos, ni mejores que ellos; es verdad, celos y envidias entre curas, clérigos simoníacos y peseteros; ni curan ni sanan, más bien esquilman y espantan al rebaño; así mismo nuestros laicos no se muestran mejores que los increyentes, inclusive, a veces, son peores; hay pastores heridos que dispersan las ovejas y con ello se produce el desbande que tanto se nos enrostra, “el nuevo éxodo” buscando la tierra prometida.

Duele la Iglesia y muy dolorosamente y uno se confunde, se desorienta y debilita; duele mucho más cuando los golpes vienen de arriba; te sientes solo y apenado al darte cuenta que los causantes de tú dolor y frustración son los mismos pastores y los hermanos más cercanos que debían amarte, ayudarte y acompañarte. Hay que rezar y no quejarse, “paso a paso te sigo sin mirar atrás”.

En medio de defecciones y para evitar malas y más dolorosas situaciones, es preciso recordar que Jesucristo, cabeza de la Iglesia, no te ha hecho ningún daño, ni lo hará nunca; es más, no es la Iglesia la que hace daño sino algunas personas de ella, jefes o súbditos que NO siguen la voluntad de Dios, sino sus propios intereses; por otro lado, debemos recordar que el seguimiento de Cristo nunca se nos ofreció ligero o fácil, todo lo contrario: “Estén alerta porque los entregarán a los tribunales y serán azotados en las sinagogas, el que persevere hasta el final será salvado” (Mt. 10, 17) o, “seréis perseguidos a causa de mi nombre” (Mt. 10,22), “Les odiarán por causa de mi nombre” (Lc. 21,12); debemos pues, estar preparados para situaciones adversas que nos deben llevar a unirnos más a Jesús. Termino con un pasillo: “Nada en esta vida podrá separarnos te juro mi Amor, ni la misma muerte podrá arrancarte de mi corazón, porque te amo tanto y con amor sublime”.

SEMANARIO EL TIEMPO

Más populares
[imagen_perfil_autor]
Redacción El Tiempo
Redacción El Tiempo. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario El Tiempo. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Piura, el Perú y el mundo.
[linkedin_autor]
Únete a nuestro Newletter
Únete a nuestro Newletter
RSS Suscríbete a nuestro RSS
Publicidad