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Cambio de enfoque: Ser coherentes
julio 1, 2020
Autor: Victor Palacios

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Cuando criticamos a la clase política generalmente omitimos recapacitar en un punto esencial: ellos son nuestros representantes y lo son pues nosotros los elegimos. Obviamente nos representan, pero hay algo más, y es que estas personas con quienes nos identificamos también son representativas de nuestro temperamento con sus buenas y sus malas.

Pero aquí salta el tema de su formación. ¿Cómo han sido educados? ¿Con qué valores? Aquí “agarramos carne”, porque si de algo adolecemos nosotros los criollitos es coherencia. Usamos mucha labia, mucho palabreo, pero, ¿qué valor tienen nuestras palabras? Recordemos que ser coherentes significa (1) tener convicciones bien cimentadas, (2) amar aquello en que creemos, (3) decir lo que pensamos y (4) hacer lo que decimos y fajarnos por nuestros ideales.

Para alcanzar este tipo de coherencia se debe lograr que los niños ya desde la edad escolar empiecen a cuestionar lo que les dicen y al ser conscientes de sus capacidades desarrollen su independencia de criterio. El problema es que para poder enseñar a los niños a filosofar no basta con que los padres y educadores tengan espíritu crítico, sino que deben ejercitarse en esa práctica. En pocas palabras: hechos y no palabras.

Jordi Nomen, profesor de Filosofía de la escuela Sadako de Barcelona, en su libro “El niño filósofo”, expresa: “Es necesario que se enseñe a los niños a filosofar. Así aprenderán a pensar y podrán construir un mundo mejor, participar activamente en un proyecto común; en suma, lograr ser ciudadanos activos y comprometidos, capaces de separar la verdad de la mentira. Para contribuir al bien común tenemos que poder pensar de manera lúcida y creativa, filosófica. Y eso es algo que o se aprende en edad escolar o no se aprende”.

Es necesario formar la capacidad de discernir. Detrás de esto está la necesidad de una verdadera revolución educativa dirigida a conseguir que las escuelas enseñen a cuestionar y no a acatar. Por supuesto que no será fácil pues aquí chocamos con las enseñanzas dogmáticas que exigen creer sin cuestionar. Dentro de cada crío hay un filósofo en potencia; la cuestión es cómo sacarlo a la luz.
“La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo” (William Shakespeare).

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Victor Palacios
Editor web de El Tiempo y La Hora. Periodista y fundador del equipo digital del diario El Tiempo. Comunicador con experiencia en Marketing Digital, Data Analyst, SEO, Web Design, Email Marketing e Ecommerce.
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