Editorial: La distracción como identidad

Editorial: La distracción como identidad

Las prioridades del Perú son la política -el fratricidio realmente-, la gastronomía, el fútbol y el chisme.

Medio país estuvo paralizado la noche de ayer por las declaraciones de Rodrigo “El Gato” Cuba contra su exesposa Melissa Paredes. Reiteramos: queda claro que el espectáculo en cualquier de sus formas es un eficaz antídoto contra el dolor colectivo que atravesamos en el último año.

Resulta curioso que mientras las familias del Perú debatían entre sí sobre quién tenía más razón, si el arquero del Sport Boys o la exconductora de televisión, el presidente Castillo anunciaba más cambios en el gabinete.

Cambios mentirosos, por cierto, pues ninguno será tan relevante como el del premier Aníbal Torres, el socio político al que se resiste a dejar. Esta cuesta abajo de la patria se complementa con la catastrófica visión de una crisis alimentaria que amenaza con golpear primero al 25% de los peruanos y luego a casi la totalidad de la nación: 32 millones de personas verían comprometidos sus derechos a la vida, a la salud, al desarrollo y al bienestar a causa de una guerra que ha trastocado los proyectos mundiales, pero también debido a una pésima política que ha olvidado que las crisis -al igual que los períodos de bonanza- son dinámicos y que los precios difícilmente se mantienen estáticos.

La guerra que hoy se libra en el oriente de Europa provoca que muchos insumos básicos suban de precio sin que la voluntad humana pueda ponerles un tope definitivo, pero aún así la ciencia económica reconoce que existen mecanismos que pueden aliviar los efectos más destructivos de las crisis. Oh, sorpresa, el Gobierno de Pedro Castillo, rodeado más de ideólogos que de técnicos y verdaderos científicos, no ha conseguido aplicar una sola medida coherente. La exoneración del IGV es la prueba más clara de que los asesores del Ejecutivo son los terraplanistas de la economía.

Pero en algo sí somos insuperables, y es en nuestra capacidad para evadirnos de la realidad por unos instantes, unas horas, unos días o un quinquenio. Es este mecanismo de defensa el que nos ha permitido sobrevivir sin consumar la mayor fantasía de Caín. Por eso es probable que, como hace un mes aproximadamente, los programas de chismes tengan una explosión de cifras bastante elocuente.

 

 


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