No vale el exceso de confianza

No vale el exceso de confianza

Los peruanos que siempre han rechazado el terror como estrategia para alcanzar el poder deberían dormir tranquilos tras la muerte del asesino más feroz que haya tenido el Perú.

Sin embargo, hay motivos para no confiar en que con la muerte de Abimael Guzmán, desaparece SL. En este caso no aplica el refrán: “muerto el perro, se acabó la rabia”.

Si bien el senderista se fue sin pedir perdón a las miles de víctimas, aún quedan fanáticos y simpatizantes sueltos en plaza, algunos camuflados en política y otros en los enmarañados bosques y montañas del Vraem. Unos con ganas de intensificar el pensamiento Gonzales vía las urnas o infiltración del gobierno de Pedro Castillo, y los otros –más extremistas y en alianza con el narcotráfico-, apelando a las armas y al crimen selectivo desde la oscuridad.

Para los sabuesos policiales, Elena Iparraguire, la viuda, es la figura histórica que podría asumir el legado de Abimael.

Por ello, es el Estado que hoy se muestra tibio frente a esta muerte, el llamado a desaparecer cualquier vestigio del pensamiento Gonzalo, porque este nefasto personaje aún muerto -lamentablemente-, sigue siendo una amenaza para el país.


Escrito por: José Neyra Moncada
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José Neyra Moncada

José Neyra Moncada

Director de El Tiempo.