Niños trabajadores: ¿Quién los cuida?

Niños trabajadores: ¿Quién los cuida?

Son “ambulantes”, ¿casi mendigos? Con sus pequeñas manitas, limpian vidrios de autos en la parada de algún semáforo; venden golosinas; hacen ‘malabares’; ofrecen agua o gaseosa exponiéndose al peligro de las pistas, al inclemente sol y a la delincuencia y criminalidad imperante.

Es el periodo vacacional y la cifra de niños trabajadores en las calles se ha multiplicado temerariamente. Por su fisonomía, su acento o lo que muchos pensamos o imaginamos al verlos, la mayoría parecen ser venezolanos. Muchos de ellos no alcanzan los 10 años de edad. Me pregunto, ¿dónde están todas aquellas instituciones, públicas y privadas, que se supone que cuidan y defienden los derechos de los niños y adolescentes?, ¿dónde están todos los comités de damas, los voluntariados, las ONG u otros grupos de ayuda?, ¿dónde estamos nosotros?

No desmerecemos la labor de instituciones como el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), que con sus “Educadores de Calle” procura que niños y adolescentes de distintas partes del país dejen de trabajar en las calles; pero aún no es suficiente. En el 2019, apenas logró que poco más de mil salieran de las calles. También rescatamos la labor de la Defensoría Municipal del Niño y del Adolescente (Demuna) en cada localidad; o algunas instituciones como las aldeas infantiles, las parroquias; y organismos internacionales como la Unicef; pero, como vemos a diario: no es suficiente.

El trabajo infantil sigue siendo uno de los problemas sociales más agudos en nuestro país, donde, según cifras el INEI, más de un millón de menores trabajan; y más de 240 000, laboran hasta 50 horas cada semana.

Hoy más que nunca, cuando la migración venezolana ha hecho aún más evidente este problema social, que tiene ya muchos años, hacen falta políticas de estado para proteger a todos los niños y adolescente que habitan en nuestro país; medidas de urgencia que resulten eficaces para que ningún niño sea expuesto al peligro; alianzas institucionales e interdisciplinarias que integren, por ejemplo, al MIMP, Demuna, gobiernos regionales, Policía Nacional, entidades privadas; las internacionales (Unicef) y todas las que haga falta para impedir que tantos miles de niños sigan expuestos a múltiples peligros, al abandono, al hambre, al desamor y a muchos otros riesgos.

Entre las posibles acciones inmediatas haría falta saber si los adultos que acompañan a algunos de estos niños que realizan trabajo ambulatorio, por ejemplo, son sus padres o familiares; dónde viven, si estudian o no; si están siendo explotados por una tercera persona, etc.

Cada uno de los niños que viven en nuestro país, peruanos o no, deben ser protegidos en todos los aspectos: salud, educación, seguridad, alimentación, en la defensa de todos sus derechos, etc. ¡Que la indiferencia no nos gobierne!.


Escrito por: Elena Belletich
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Elena Belletich

Elena Belletich

Colaboradora