El año escolar 2026 comenzó el 16 de marzo en todo el Perú. Sin embargo, mientras en las zonas urbanas se destacan avances en infraestructura, tecnología y calidad educativa, en varias comunidades indígenas de Ucayali las condiciones siguen siendo limitadas. Allí, numerosos estudiantes asisten a clases en espacios improvisados, sin paredes, con mobiliario insuficiente y techos elaborados con hojas.
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En estas áreas rurales, muchos centros educativos han sido construidos por las propias comunidades y carecen de servicios básicos y materiales adecuados. Esta situación evidencia la persistente desigualdad entre la educación en contextos urbanos y rurales del país.
A pesar de las dificultades, docentes —en muchos casos bilingües— continúan desempeñando su labor con compromiso. Para llegar a las escuelas, algunos deben desplazarse largas distancias por río o a pie, lo que refleja su rol fundamental en el sostenimiento del sistema educativo en zonas con limitada presencia estatal.
El inicio del año escolar coincide con discursos públicos centrados en desarrollo e inclusión. No obstante, en la Amazonía peruana persisten carencias estructurales que afectan directamente a los estudiantes, quienes año tras año esperan mejoras en sus condiciones de aprendizaje.
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Las imágenes de niños estudiando en infraestructuras precarias ponen en evidencia una brecha histórica aún no resuelta. La falta de inversión en infraestructura, recursos educativos y atención estatal continúa siendo un desafío para garantizar una educación equitativa en todo el país.
Así, aunque la educación es señalada como una prioridad nacional, las condiciones en estas comunidades muestran que aún existen importantes retos para que ese objetivo se traduzca en mejoras concretas y sostenidas.







