Mendicidad y alcoholismo toman las calles de la ciudad

Mendicidad y alcoholismo toman las calles de la ciudad

Gerardo Cabrera Campos

Los piuranos no solo conviven con la inseguridad ciudadana, el caos vehicular y la prostitución callejera -por las noches-, sino también con la mendicidad y el alcoholismo que han tomado las calles del centro de Piura y la zona del mercado.

Según los especialistas, muchas veces los ciudadanos son indiferentes a estas realidades (locos, mendigos, abandonados), que se vuelven  costumbre y terminan por no sorprenderlos.

Tras varios recorridos por las calles de Veintiséis de Octubre, Piura y Castilla, El Tiempo ha podido identificar hasta 15 personas que sobreviven en una situación deprimente, en especial adultos y ancianos.

Los vecinos no saben de su procedencia. Otros solamente los conocen por su nombre o apelativo, como es el caso del “Loco Octavio”: barbado, orate, ronco y hasta filosófico.

Las esquinas de las avenidas Grau, Loreto y Sánchez Cerro son buen punto para los mendigos; incluso hay mujeres que piden dinero con sus hijos en brazos.

Los alcohólicos prefieren la avenida Sullana, cerca al complejo de mercados. Allí pasan todo el día bebiendo chicha jora o cañazo.

Cerca a los nuevos centros comerciales y universidades aparecen también los niños, quienes bajo la fachada de ‘limpia parabrisa’, piden algunas monedas a cambio.

¿Trata de personas?

La indigencia acarrea problemas de salud pública y crea condiciones para la trata de personas.

Para el jefe de la División de Investigación Criminalística (Divincri), Roberto Alvarado, se debe investigar una posible trata de personas en los casos anteriores.

La situación se complica, afirma el oficial, cuando “hay bastantes desamparados sin un lugar idóneo para atenderlos”.

Desamparo

Explica que esta situación “(se da) por las condiciones económicas y de extrema pobreza. Hay hasta dos casos (de mendigos) que tienen problemas con el consumo de drogas. ¿A dónde los llevamos? Otros tienen una habilidad y hacen malabares en las esquinas”.

Por las noches, en el óvalo Grau, un anciano se detiene al lado de una agencia bancaria y empieza a pedir dinero o comida. Tiene joroba, huele a orín y lleva consigo dos bolsas en las que guarda botellas de plástico. Su vida nocturna es eso. Nadie sabe dónde vive ni qué hace durante el día.

En la plaza de Armas varios niños venden chocotejas; otro grupo vende diarios en el cruce de la avenida Gullman con Sánchez Cerro. Más al norte, en el grifo Mega, unos cuantos niños  limpian parabrisas.

SEGUIMIENTO URGENTE

Para el médico Luis Ortiz, de la clínica San Miguel, la gerencia de Seguridad Ciudadana de la comuna piurana debe realizar una especie de inventario de estas personas, para hacerles un seguimiento y descartar vinculaciones delictivas.

En su opinión, los alcohólicos (también drogadictos) e indigentes representan un riesgo a la población, porque en sus ansias de seguir consumiendo, pueden cometer delitos o ser agresivos con las personas.

“Se debe hacer este inventario para ubicar a estas personas y conocer su actividad. Los casos de indigencia se han incrementado en los últimos años, sobre todo cerca a los centros comerciales, donde hasta niños te venden productos o limpian parabrisas de los autos para luego pedir dinero”, dice Ortiz.

UN CONVENIO

Brenda Alvarado, responsable de Desarrollo Social de la comuna piurana, sostuvo que no hay una estadística de los indigentes que deambulan por la ciudad de Piura, pues “solo trabajan con los niños”.

Dijo que hay un convenio con el Centro de Reposo San Juan de Dios para atender  gratis a quienes sufren algún problema mental. El monto invertido es de 30 mil soles, y hasta el momento ya van cinco pacientes atendidos.

Sin embargo, y pese a todas las acciones, los mendigos siguen apareciendo en la ciudad. La Policía Nacional solo puede atenderlos en casos de emergencia pero luego, según dice el jefe de la Divincri, no hay un sitio para refugiarlos.      

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