¿Me conviene convivir antes de casarme?

¿Me conviene convivir antes de casarme?

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Gloria Huarcaya
Docente UDEP

La convivencia prematrimonial es vista como un trampolín al matrimonio, como una especie de prueba antes de dar el sí definitivo. Las razones pueden ser variadas (compartir gastos, intimidad sexual, vida en común), pero siempre resultan subjetivas. Un estudio de Rand Corporation (2013) comprobó que las mujeres suelen tener una expectativa más romántica respecto a un potencial matrimonio que los varones.

La convivencia no desemboca naturalmente en el matrimonio ni ahorra problemas conyugales. Hay evidencia de que este tipo de uniones tienen un 40% más de riesgo de divorciarse. (Pollard and Harris, 2013). Para el Dr. Stanley, su “naturaleza ambigua”, compromete menos, promueve mayores niveles de desacuerdo y mayor facilidad para la ruptura.

La naturaleza del matrimonio marca la diferencia. Mientras que una relación de convivencia se sostiene sobre un abanico de motivos subjetivos, con un grado relativo de compromiso; los que se casan, deciden libre y radicalmente unir sus vidas para siempre, suscribiendo un pacto conyugal. En el pacto conyugal, varón y mujer se entregan ellos mismos en su totalidad y sin condiciones,  para constituir una nueva unidad. Se comprometen a amarse y respetarse hasta la muerte. Dan su palabra para honrar un amor exclusivo, fiel, permanente y abierto a la vida. Los convivientes podrían tener estas intenciones, pero no lo han manifestado públicamente ante un ministro u autoridad competente.

El matrimonio es una unión de vida y debida. Establece un compromiso permanente en el ser de los esposos. Entre quienes mantienen una relación sólida y creen estar seguros de su amor, valdría la pena preguntarse: ¿por qué poner la relación a prueba?, ¿te quiero tanto como para casarme contigo?, o ¿sólo estoy contigo mientras nos llevamos bien? En su reciente best seller “Cómo encontrar a tu alma gemela sin perder tu alma”, Crystalina y Jason Evert desaconsejan “jugar a la casita”, porque mata e instrumentaliza el amor, al reducirlo a fines utilitarios.

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